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sábado, 7 de septiembre de 2019

Un país a los coñazos

Un país a los coñazos
J. L. Maldonado
-extracto-

En un país en donde los diputados —me disculpan que insista con el término— se caen a coñazos (es que suena sabroso y duele cuando es contigo); se insultan a diestra y siniestra sin importar que te vean por televisión a nivel nacional, qué puede pedírsele al ciudadano común que ve en sus “elegidos” por voto popular semejante ejemplo.  Es como el padre que le dice al niño que no pelee en el colegio, pero le cae a palos al pobre carajito por un quítame esas pajas. A esto debo sumarle que ahora estallan algunas refinerías en el oriente y el occidente del país, lo cual no es poca cosa; se inundan las avenidas porque revientan las tuberías de agua o porque la lluvia inclemente hace lo suyo (en esta ciudad mea un zancudo y todo colapsa), entre otros avatares que ya conocemos de sobra y que vienen a redondear la suma de nuestros problemas.

Inquieta que después de tanto petróleo —una suerte de maldición—, el país se caiga a pedazos (que rima además con el término en cuestión). Duele, este caos duele. No hay partidismo que justifique esta debacle. No hay que ser de un bando o del otro para darse cuenta que el camino transitado hasta ahora estaba errado. “Hoy da” indignación vernos en una titánica lucha de unos contra otros; “Hoy da” rabia ver que la corrupción cabalga a rienda suelta y en la asamblea se pelotean el sustantivo como papa caliente; “Hoy da” pánico ver como el periodismo es arrinconado por un contrincante que es tan venezolano como uno. El país está tan golpeado como las dos mujeres del metro y se parece mucho a aquel mítico combate narrado por Miguel Thoddé entre el venezolano Betulio González y el mexicano Miguel Canto  (ojo, cultura popular, yo no había nacido): “—¡Pega Betulio! ¡Vuelve a pegar Betulio! ¡Sigue pegando Betulio! ¡De nuevo pega Betulio! (...) Señores, se cayó Betulio”.


viernes, 30 de agosto de 2019

Tres exilios tres personajes provinciales



[...] el trabajo en Venezuela más que apoyarse como presunto defecto, es una función de viveza o de habilidad, se apoya básicamente en una parodia del trabajo. Cuando se trabaja, parodian el trabajo, porque nuestra cultura no tiene expresión del trabajo, ni ha logrado representar el trabajo como parte indispensable de sí misma.
¿Por qué? ¿Qué es este bochornoso, caótico, incoherente pero amado país? Es la consecuencia de tres exilios, de tres personajes provisionales, el habitante autóctono, el indígena, que fue expulsado de su territorio, de sus creencias, de su vida, para quien la noción de trabajo no existía. ¿Para qué?, si la tierra da y yo lo tomo. ¿Por qué sembrar?, ¿por qué hacer un huerto? Si toda esta tierra era un huerto.

Otro personaje es el negro, arrancado de las Costas de Marfil, de su tierra, de su amor de todo lo que pudiera generarle un sentimiento. Lo metieron en un barco y lo trajeron a esta tierra y le dijeron: trabaja, ¿para qué?, ¿por qué?

El español llegó a un exilio, llegar a América significaba un castigo, una desgracia, una fatalidad, era vivir en un país de segundones. Aquí no se vino el primogénito, se vino el segundón, el que no servía, el aventurero. ¿Venía a trabajar?, no, ¿para qué? Venía a hacerse rico, la vida verdadera estaba en España, este era un país de paso.

¿Qué cultura de trabajo se puede esperar de tres orígenes donde el trabajo no tiene pasión, ni tiene por qué tenerla? Lentamente esta sociedad, al criollizarse, fue haciéndose al trabajo.

Pero esta es nuestra cultura del trabajo, allí subyace, porque al fin de cuentas se trabaja para una recompensa y decir otra cosa es una hipocresía.

Indiscutiblemente existe el trabajo espiritual, el del científico, el del poeta, el del escritor donde el trabajo es un placer. Pero para el hombre que martilla todo un día, no existe placer. No puede haber placer por martillar. Constituye una manera de vivir, se expresa en términos de salario, requiere de un pago correspondiente para asumir esa tarea.

En Venezuela, además, se paga mal, la relación entre salario y trabajo es caótica, es artificial, donde las profesiones no se rigen por el grado de esfuerzo que el hombre puede colocar a la hora de prepararse para ellas. Así pues, no hay una imagen del logro del trabajo, porque en Venezuela no hay imagen de riqueza, porque en los ricos, que podrían ser un paradigma de la imagen del trabajo como lo fue Ford para los americanos, no existe. El venezolano no tiene imagen del bienestar.

Hemos creado una imagen donde el rico tiene imagen de pícaro, Miguel Otero Silva decía que el único rico honrado que él conocía era Antonio Armas, porque la historia de su fortuna se veía por televisión. Bateaba y le pagaban por eso. De resto la riqueza no es honrada y el disfrute de ella misma tampoco es honrado.
Deberíamos desterrar de nosotros mismos la idea de que la viveza nos ha acompañado como acto cercano al trabajo. Es falso, no hay viveza criolla, hay viveza alemana, hay viveza japonesa. Aquí lo que hay es un lento, dramático y desesperado esfuerzo de una sociedad por asumirse a sí misma, en un territorio y dentro de unas costumbres y unos códigos que ni le corresponden, ni la expresan y, en ocasiones, ni siquiera la sueñan.

Extracto de: La viveza Criolla. Destreza, mínimo esfuerzo o sentido del humor José Ignacio Cabrujas
imagen tomada de: https://www.instagram.com/p/Bac5zNJgvlc/?igshid=nz8508gnyav7


domingo, 17 de julio de 2016

Ararat



"...Armenia es su silencio. La misma nostalgia revelándose en millones de ojos. Esa que necesita dos lugares para nacer y solo uno para morir. Armenia sería un monte si ser armenio hoy no consistiese en añorar el Ararat, en contemplarlo al otro lado de una frontera o no haberlo visto nunca. Lo propio y lo ajeno queda aquí reflejado en dos cumbres, Masis y Sis, que se clavan en el cielo.
El Ararat es tímido por la mañana. Se despereza con la paciencia de sus hijos en una tierra en la que el tiempo pasa despacio, que siempre quiso arrugar el mapa y acercarse a Occidente, aunque nunca se dejó contagiar por su prisa..."

"...Desayunar ante el monte en el que, según la Biblia, habría quedado varada el arca de Noé, no es algo trivial. A menudo, el monte se muestra etéreo y no deja alternativa a la espera tenaz. Así es como las cosas empiezan a merecer la pena. Lo supe la primera vez que intentamos darnos los buenos días en pleno amanecer en el monasterio de Jor Virap, junto a la frontera turca: al Ararat hay que ganárselo..."

"...Desde casi cualquier rincón de Ereván, una mole de cinco mil metros se impone como una presencia protectora y sosegadora. Es un remanso de paz que surge de los edificios, allí donde empiezan las antenas. Pero merece la pena verlo tocar el suelo y, para eso, no hay mejor lugar en Armenia que el Monasterio de Jor Virap. Allí, San Gregorio el Iluminador pasó trece años confinado en una mazmorra por extender el cristianismo en el lugar que se convirtió en el primer país cristiano de la historia, dando así nombre al monasterio: Pozo Profundo. Fue Terdat III, el mismo rey que le encarceló, quien aceptó el cristianismo como religión oficial en el año 301 y convirtió a San Gregorio en el fundador y primer Katolicós de la Iglesia apostólica armenia..."

"...La enemistad entre los padres de Gregorio y Terdat III llevó al rey a condenar a muerte al santo hasta doce veces. Dicen que de todas aquellas condenas se salvó gracias a la mediación de una mujer que, a diario, acudía a su mazmorra a llevarle un pedazo de pan. Tristeza y locura llevaron al rey a aislarse en el bosque y, al borde de la licantropía, Gregorio le habría devuelto a la cordura, tal y como la hermana del rey habría visto en sueños. Aquel milagro le salvó la vida y le devolvió la libertad..."

HERIDAS DEL VIENTO
CRÓNICAS ARMENIAS CON MANCHAS DE JUGO DE GRANADA
Virginia Mendoza

miércoles, 11 de mayo de 2016

Conversión o Destrucción!


Como suele suceder, la gente esta equivocada, escribe Jean-Francois Revel: lo que puso de manifiesto el fracaso del comunismo "no fue precisamente la caida del Muro de Berlin en 1989, sino su construccion, en 1961."
El 13 de agosto de 1961 comenzó a construirse el Muro de Berlín.
Que pasaba en 1961? Que en Alemania Oriental "democrática"(la RDA) el comunismo fracasaba. Las personas subsistían en una vida muy gris y mediócre, con empleos improductivos y miserables, hastiadas de propaganda partidista oficial y vigilancia policiaca, sin cosas elementales, como pasta dental, toallas sanitarias, azúcar, jabón,  etc.
Todo el mundo era pobre bajo "la construcción del socialismo". E igual en Polonia, Hungria , Checoslovaquia y todos los paises tras la Cortina de Hierro, un cerco de guardias armados establecidos en las fronteras del "campo socialista", y que dividía a Europa en dos mitades. Desde luego lo mismo ocurría en la Unión Sovietica.
Y en Europa Occidental? Al lado del fracaso comunista, en 1961 pasaba lo que muchos no quieren recordar: el éxito de la economia libre. Muy visible -por lo súbito y el contraste- en la rápida recuperación de los paises vencidos: Alemania occidental (la RFA) e Italia. Sus economías , arruinadas por décadas de controles totalitarios y seis años de guerra (1939-45), progresaban en los 50, y disfrutaban de una riqueza y nivel de vida sin precedentes.
No gracias al Plan Marshall, como los comunistas repiten hasta hoy, sino al régimen de economia libre que adoptaron los democrata-cristianos Ludwig Erhard en Alemania, y Luigi Einaudi en Italia. Aunque no fue cosa exclusiva de ese partido: Japón, un país ni siquiera cristiano, también prosperaba por aquellos años en el sistema de economía libre, una herencia indudable de la llamada civilización occidental y cristiana. En Europa hoy la gente no quiere recordar siquiera este lenguaje, porque es muy malagradecida con las fórmulas que en el pasado le proporcionaron el bienestar que hoy disfruta.
Pero volvamos a 1961. El contraste entre riqueza y pobreza era muy grande sobre todo en Berlín, una ciudad enclavada en la Alemania roja en ese tiempo, y a su vez dividida en dos sectores. La gente se pasaba al sector occidental, con papeles quienes los tenían, o sin ellos. El comunismo era un fiasco, tal y como Mises anticipara en Socialismo (1922). Porque Socialismo equivale a Destrucción: la destrucción de los mecanismos naturales del mercado que crean la riqueza a través de los precios libres, la competencia abierta entre las empresas, y los contratos que formalizan los intercambios voluntarios entre las personas. Así los recursos se asignan eficientemente, se crea la riqueza y se distribuye a través de los "ingresos factoriales" (sueldos y salarios, intereses y rentas, utilidades y beneficios). El Socialismo es la pura destrucción de esos resortes y engranajes de la maquinaria económica. Resultado: pobreza. 
Porque sobrevive la mal llamada utopia socialista? ("Utopía es algo deseable pero no posible; mas el socialismo es cosa posible y para nada deseable!).
Porque mucha gente sigue engañada.
Hay que desengañarla sobre el socialismo. Y hay que darle información sobre economía y liberalismo, y explicarle las realidades.
Hay que ayudarle a un proceso de transformación mental, que los griegos llamaban "metanoia", y que los traductores de la Biblia denominan "conversión". Si la gente no hace su tarea de conversión, el socialismo seguirá adelante con su labor de destrucción. Por eso hoy tenemos en Venezuela una situacion crucial: Destrucción o Conversión.
Quiénes debemos convertirnos? Todos nosotros, pero en particular:
- Los cristianos. Porque después del desastre del marxismo, en este siglo XXI el socialismo vuelve a revestirse de ropaje seudo-cristiano, como en el siglo XIX. Los cristianos-católicos y evangélicos- deben entender algo muy serio: el socialismo es anticristiano; y el modelo político bíblico no es el Gobierno omnipresente y omnipotente, sino el Gobierno limitado, dedicado a unos pocos negocios públicos, y separado de las actividades privadas.
-Los Chavistas de buena fé, que aún quedan, y muchos. Quienes se ilusionaron y votaron por Chávez confiados en que el cambio era para mejor y no para peor. Deben saber que la corrupción no es la causa del problema. Y que el problema no es Chávez y el chavismo sino el socialismo; y que la salida es la construcción de una economía libre, único sistema capaz de crear riqueza y prosperidad para todos.
- Los antichavistas de buena fé, que no están meramente en una carrera tras de puestos publicos. Deben saber lo mismo. Y que tampoco la salida es un retorno al pasado. Deben saber que así como el amor con hambre no dura, la democracia tampoco, por que sin la prosperidad y el bienestar que solo trae una economía libre, la democracia se cae o se pervierte. Y que la "economía mixta" (o tercera vía) es un fracaso que ya experimentamos en Venezuela.
Ademas, los "neo" liberales deben aprender a distinguir el liberalismo auténtico y genuino, y que no fueron  las "reformas" de los 90, cuyo fracaso es culpable de la marea roja socialista en la que se sume hoy el continente.
-No enrolados. Más de un tercio de los venezolanos adultos no creen en el Gobierno y tampoco en la Oposición.
Pero eso no significa que todos seamos "indiferentes o apáticos", como lo califican algunas encuestas. Muchos estamos preocupados, y a la búsqueda de una alternativa, porque estas dos que hay ahora- Gobierno y actual oposición- simplemente no terminan de dar la talla.
Pero también hay verdaderos indiferentes o apáticos: han perdido ya toda esperanza, y están haciendo maletas, o preparándose para emigrar. Ya no buscan la salida para Venezuela. Se han desinteresado por la politica venezolana porque no ven futuro. Deben saber que si hay futuro : Economía Libre. Pero pasa por la Conversión, la de las mentes. De otro modo la Destrucción seguirá su rumbo. Tenemos que buscar un Rumbo Propio, que elimine el Estatismo de raíz: La Desestatizacion.
Néstor Suarez
nsuarez07@hotmail.com

domingo, 13 de abril de 2014

POSTALES DEL CINISMO

Conduzco hacia la Avenida Andrés Bello. Me pregunto cuántos venezolanos saben hoy día quién era Andrés Bello. Pienso en esta zona tórrida más cercana al bochorno que a la agricultura. Discurro, a vuelo rasante, sobre su portentosa Gramática de la Lengua Castellana y la indigente relación que hoy tenemos con nuestro idioma. Freno. Estoy en una intersección. Algo atrae mi mirada. En la esquina, una adolescente de la calle, roída de pies a cabeza, está echada sobre un puff, tan blanco como sucio. Es un mueble desahuciado. Y una niña sobre él, desgonzada. Vive la inesperada comodidad del cojín. Sus brazos cuelgan hasta el suelo. Sus nudillos pactan con la grasa del asfalto. Lo más perturbador es su mirada, colgada en ninguna parte. Es, ella entera, una foto de la nada existencial. Me toca avanzar. Pienso en el hombre nuevo que nos prometieron. Pienso en los colectivos y su amplia despensa de armas. Pienso en el remotísimo Andrés Bello.  

***

La noticia dice que España suspendió indefinidamente la venta de equipos antidisturbios para Venezuela después de advertir, con alarma, la feroz represión que las autoridades ejercen sobre los estudiantes. "Es lógico no añadir leña al fuego", agregó el canciller español. Dos días después, el gobierno venezolano le replica a España que no tiene autoridad moral "para aconsejar sobre violencia y diálogo". Agrega el comunicado, con tono admonitorio, que "el mundo ha sido testigo de cómo el pueblo español se ha levantado en protesta por las políticas excluyentes y negadoras de los Derechos Humanos y la respuesta de ese gobierno ha sido la represión contra los manifestantes". Parece un autorretrato. Pero es solo cinismo. Químicamente puro.

***

Al venezolano el Twitter se le ha convertido en su marca de cigarros preferida. Ya no fuma tanto, ahora tuitea. Compulsivamente. Nos hemos acostumbrados a resolver el país en 140 caracteres. Lanzamos volutas de humo y "sabiduría" cada cinco minutos. En esa comarca, el rey de todas las tribunas es el insulto. No analizo tu idea, la descoso con ofensas. No disiento, te cuelgo un "¡Vendido!" en la red. No pregunto, te masacro verbalmente. Es la autopista favorita de los radicales. Está llena de escombros, basura y cauchos incendiados. Es difícil que alguna idea consiga ventilarse serenamente. Hay francotiradores prestos a apretar el gatillo apenas colocas un argumento, un punto de disidencia, un criterio a contravía. No se aceptan discursos atemperados. Es un ecosistema donde siempre triunfa la furia.

"Somos un país de malagradecidos", le oí decir a alguien. El sopor que durante semanas arropó a la MUD ha sido vengado a dentelladas. Las extenuantes vueltas que Capriles le dio al país buscando despertarlo fueron arrojadas al olvido. Es la misma actitud que asumen los fanáticos del béisbol cuando abuchean a muerte a alguna estrella que les ha dispensado momentos de gloria y hoy sólo les importa la pelota que dejó caer en el inning anterior. La oposición radical parece haber adoptado el mismo Patria o Muerte delirante que ha regido al chavismo ortodoxo. Los extremos terminan pareciendo hermanos. Los tuits de la "tropa" coquetean en tono con los de Robert Alonso. CNN en español entrevista al "guarimbero mayor" y él declara, axiomático, rubicundo: "Nosotros no somos oposición. Somos resistencia. Nosotros no dialogamos. Nos ponemos unas gríngolas. No escuchamos. Nuestra línea de acción es la segunda Independencia de Venezuela". Así de épico. Así de grande. Al final, en un rapto de modestia, se emparenta con Charles De Gaulle. ¿Se imaginan a Bolívar liberando cinco países desde Kendall, Florida?

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Las noticias hablan de un fuerte enfrentamiento entre la PNB y la GNB contra los estudiantes acantonados en el perímetro de las Mercedes y el Rosal. Otra protesta pacífica que las autoridades convierten en guerra. Antes de salir de mi casa, observo la mancha de bombas lacrimógenas que flota sobre la zona. La calle está repleta de carros en desorden, ulular de sirenas y gente apretando el paso. Llego a Plaza Venezuela. El semáforo me concede una imagen: dos policías comen, morosamente, unos raspados de tamarindo. Allí están, tranquilazos, conversando, apoyados sobre el carrito de raspados. Dos kilómetros más allá, sus compañeros apuran sus perdigones sobre la humanidad de cualquiera que se mueva con estampa de estudiante y rebeldía. ¿Sobre qué conversan? ¿El contrato millonario de Miguel Cabrera? ¿La notable actuación de nuestro fútbol femenino? ¿La parrillita del próximo sábado? ¿El hartazgo de estos días? Es tan lenta la forma en que consumen sus raspados. Tan gozosa.

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Hace días, en una de sus letárgicas cadenas, Maduro alardeaba de que el oficialismo ha hecho un centenar de marchas y ninguna ha terminado en violencia. Según él, bastaba ese ejemplo para detectar en cuál zona de nuestras ideologías hace nido el terrorismo. Quedé perplejo. Le faltó, quizás, agregar una frase más provocadora. Algo tipo: "Fíjense que a nosotros la GNB nunca nos ha lanzado una bomba lacrimógena. Ni la mitad de un perdigón. En Ramo Verde no hay un solo chavista preso. ¿Qué más pruebas quieren?". Algo así. Digo, para redondear más la idea.

Me tropiezo en las redes sociales con un letrero que dice: "De los mismos creadores de 'El comandante se recupera satisfactoriamente', 'Abriremos todas las cajas' y 'Este año no habrá devaluación' nos llega: 'Queremos Paz' ".

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Nuestro inefable ministro de Turismo, en vísperas de Semana Santa, asegura que el problema con la escasez de cupos para volar al exterior es porque la demanda es muy alta. Omite la descomunal deuda con las aerolíneas. Replica el argumento que, en la misma página de El Universal, expresa el Vicepresidente de Gestión Institucional de la Red de Establecimientos Estatales (¡uuf!): "Las colas para comprar comida demuestran el poder adquisitivo del pueblo". O sea: nos volvimos millonarios y no nos hemos dado cuenta.

Pero nadie como el mismísimo presidente: "¿No se han dado cuenta de la cantidad de venezolanos gordos que hay ahora?". Andamos rollizos de tanta abundancia, eso decía. Mientras tanto, colmados de fortuna y colesterol, ni un simple pasaje para Costa Rica logramos conseguir.

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"'Este es su hotel, disfrútelo y trate de echar la menos vaina posible', podría ser la forma más sincera de redactar el primer párrafo de la Constitución Nacional", le comentaba José Ignacio Cabrujas a la difunta revista "Estado y Reforma" en 1987. La imagen provenía de una idea punzante: "El Estado venezolano actúa generalmente como una gerencia hotelera en permanente fracaso a la hora de garantizar el confort de los huéspedes".  Elisa Lerner ha sugerido que Venezuela, más que un país, es una hipótesis. Cabrujas insistía en la idea de que somos un país provisional, donde sus ciudadanos nunca han creído en sus instituciones. Remataba con una sentencia de poderosa vigencia: "El concepto de estado en Venezuela es un disimulo. Vamos a fingir que el presidente de la república es un ciudadano esclarecido. Vamos a fingir que la Corte Suprema de Justicia es un santuario de la legalidad. Pero, en el fondo, no nos engañemos. En el fondo todos sabemos cómo 'se bate el cobre' ".

Y así hemos ido dando tumbos, de gerencia en gerencia, con las tuberías atascadas, la corrupción convertida en epidemia, y la fachada entera descascarándose. En este momento del siglo XXI nacional la madera de nuestras instituciones cruje pavorosamente.

El hotel ha colapsado. Ya no hay disimulo posible.

***

Un estudiante cubre el último rincón de su desnudez con las dos manos. Se le ve conmocionado. Por un instante no sabe hacia dónde caminar. Ha sido vejado públicamente por una horda cuya única ideología parece ser la violencia. La cámara registra su vergüenza. La foto le da la vuelta al mundo. Al único lugar del planeta donde parece no llegar esa imagen es a Miraflores.

Mientras tanto, la ley coloca su manto protector sobre otra persona. "Solicitan medida de protección para dirigente estudiantil oficialista Kevin Ávila", reza la noticia. Después de un día de ignominia en la UCV con lesionados aquí y allá, el gobierno se preocupa por un solo apellido. El resto espera en cuenta regresiva el fogonazo de una bala, una borrasca de golpes, o el escarnio de su desnudez.

***

Viajo con Tania Sarabia y Claudio Nazoa hacia Valencia para presentar una disertación sobre el amor en clave de comedia. En estos días donde el odio anda tan empoderado, quizás no es mala idea un pequeño contrapeso. Mientras tratamos de surfear los embates noticiosos de un domingo que terminaría siendo muy negro, recorremos la Autopista Regional del Centro. Recuerdo en voz alta que un día como ese, tres meses atrás, asesinaron a Mónica Spear y a su esposo. La conmoción fue tal que, desde entonces, la chispa de la indignación ha cobrado forma de incendio nacional. A nuestro lado se extiende lo que alguna vez llamaron "Los Rieles del Buen Vivir". El chofer nos señala cabillas oxidadas, tramos inconclusos, viaductos corroídos, vestigios de lo que iba a ser y no fue. La revolución también es pródiga en elefantes blancos. En un ya viejo reportaje del año 2011, en esa "artillería del pensamiento" que es El Correo del Orinoco, se hablaba de que Venezuela ya era "pionera a escala internacional con la consolidación de 13.665 kilómetros de vías ferrocarrileras". Pomposamente se alardeaba de una inversión de 7 mil millones de dólares. Una promesa gorda en dinero. Hoy solo sobreviven 3 muñecos simulando ser obreros que, como perros guardianes, cuidan día y noche el olvido que allí reina.

Mientras avanzamos en paralelo con las vías abandonadas del tren,  una vieja camioneta Dodge nos supera por el lado derecho de la autopista. Sobre el vidrio posterior se ve una extraña composición plástica: Un rollo de papel tualé, agitado por el viento. Una foto de un antiguo comediante de la televisión, Jorge Tuero. Y, en letras grandes, la frase que inmortalizó en un sketch: "Los gobiernos pasan, pero el hambre queda".

Nos reímos, con una tristeza llena de fracaso.

El cinismo del poder se puede coleccionar en forma de barajitas. Se nos iría la vida llenando el álbum.



Leonardo Padrón

miércoles, 9 de abril de 2014

LOS HUECOS DEL LABERINTO


Es difícil hablarle a un país sin memoria..

En 1957 Monseñor Arias Blanco emite al país una pastoral que sería leída en cada templo. No hay un llamado a derrocar a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
Lo que hay es una apelación a un cambio histórico que el ilustre prelado sustenta en la doctrina social de la Iglesia. Eran los tiempos de la migración rural a las ciudades, de la mala distribución de la riqueza y de una situación profundamente negativa para los trabajadores. Es así como aquella pastoral procura una respuesta que no se centra en un diálogo sino en una superación definitiva de aquel presente. Era un país naciente regido por un gobierno incapaz de entenderlo, desde sus formas dictatoriales y desde su inepcia conceptual.
La Conferencia Episcopal Venezolana emitió un documento sobre este otro presente con severas denuncias contra el régimen, con la ilación de lo que todos conocemos, con algunas críticas suaves a los sucesos de calle y con un llamado al diálogo enmarcado en una afirmación tajante que lo contradice: el “totalitarismo” está encarnado en el “plan de la patria”. Casi banal recordar que ese “plan” es ley y constituye el corazón mismo del actual régimen. En otras palabras, el diálogo sería sobre lo tangencial, aunque sea grave y doloroso, puesto que podremos considerar que quienes gobiernan no estarían dispuestos a arrancarse ese órgano vital. Por encima de las palabras duras no hay planteamiento alguno hacia una transición y menos hacia un cambio histórico como lo planteaba Arias Blanco. En otras palabras, para quienes comparan 1957 y 2014 desde el ángulo de la Iglesia, no hay nada en común.
En este cuadro uno recuerda la veteranía y sapiencia de la diplomacia vaticana. Como también debe hacer mención a UNASUR en sus esfuerzos de diálogo, puesto que es notorio que estos mis artículos de opinión irán a parar a un libro que escribo sobre este duro año 2014 con el único propósito de ayudar a entender a algún historiador ignoto que dentro de 50 años merodee por estos tiempos tormentosos.
La palabra “diálogo” tiene sus propias connotaciones y las reuniones sus propias reglas, tales como establecer número de delegados de cada parte, nombres, lugar de reunión y agenda. Contradictorio reunirse sin haber tenido la más mínima injerencia en los sucesos que se discuten y sin llamar a formar parte de la propia delegación a quienes desde la cárcel o desde la calle han sido sus protagonistas. No se hace porque se tiene una franquicia, que si bien es sólo electoral, bien sirve para revivir desde la falta de protagonismo y sirve como bombona de oxígeno para mantener con vida aparente a la clase dirigente sin perspectiva.
Sobre el presente seguramente habrá demoras, esguinces y contradicciones. Mientras, el acoso represivo sobre una zona de Caracas por más de seis horas es “resuelto” diciendo que se establecen siete u ocho puntos de control para evitar violentos y se llama a la población a no hacer caso de grupos minoritarios. Dije en Twitter que antes los alcaldes construían alcantarillas y ahora las tapan y que antes los alcaldes agradecían a sus electores mientras ahora los llaman “grupos minoritarios”. Me he permitido recordar mi constante afirmación de que las posibilidades de este país pasan por defenestrar a la clase dirigente.
En situaciones como la que vivimos el laberinto está lleno de huecos, no precisamente como respiraderos, más bien como efectos de una implacable polilla. Venezuela es un país sin memoria. Ya no recuerda en los sucesos de los años pasados se nombró una Comisión de la Verdad que jamás se instaló y que hubiese impedido, por ejemplo, la prisión de Iván Simonovis. Ya nadie recuerda al único firmante que se precinó y que hoy preside CEDICE y que dentro de pocos días tendrá una sesión en Caracas con la presencia de Mario Vargas Llosa. No podemos especular con que ahora alguien se haga la señal de la cruz sobre sí, pues tal vez colegiraríamos que Parolín es santo y que Francisco ya hace milagros.
Lo digo porque es difícil hablarle a un país sin memoria. Este país suele arrebatarse de ira por dos días cuando al tercero ya no recuerda la causa de su ira y los protagonistas de las engañifas comienzan a tejer las nuevas. No hay respuestas sobre las preguntas de fondo, porque el avenir suele estar lleno de imprevistos. Baste recordar que hay que construir una nueva opción para el futuro desde el cual se cambia al presente, que debe procurarse un cambio histórico y que las restauraciones no conducen sino a una revolución repetida.
Si ese desconocido historiador para el cual armo el expediente no logra entender seguramente la explicación se encontrará en que nació en el exterior hijo de venezolanos que emigraron mientras una clase dirigente vivía de la alharaca y de los simulacros.

*Teódulo López Meléndez. (Barquisimeto, 1945), abogado, novelista, ensayista, editor, poeta y traductor de poesía. Ha ejercido cargos diplomáticos en Portugal, Italia y Argentina. Su obra literaria ya se extiende a la treintena de libros publicados.
Teódulo López Meléndez Miércoles, 02 Abril 2014

domingo, 29 de diciembre de 2013

Poema a Stalin

Vivimos sin sentir el país bajo nuestros pies, nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Y cuando osamos hablar a medias,
al montañés del Kremlin siempre evocamos.
Sus gordos dedos son sebosos gusanos y sus seguras palabras, pesadas pesas.
De su mostacho se burlan las cucarachas, y relucen las cañas de sus botas.
Una taifa de pescozudos jefes le rodea, con los hombrecillos juega a los favores: uno silba, otro maúlla, un tercero gime. y sólo él parlotea y a todos, a golpes, un decreto tras otro, como herraduras, clava: en la ingle, en la frente, en la ceja, en el ojo.
Y cada ejecución es una dicha para el recio pecho del oseta.

Osip Mandelstam

domingo, 27 de octubre de 2013

La Guayaba Se Secó


http://elrepublicanoliberal.blogspot.com/2013/10/eugenio-montoro-la-guayaba-se-seco.html

Había una vez un padre de familia que vivía con su mujer y tres hijos en un pueblito del Guárico. Su casa, aunque humilde, tenía un patio muy grande en la parte de atrás donde por varias generaciones su bisabuelo, su abuelo y su padre habían venido sembrando árboles frutales. Había de todo, mangos, mamones, ciruelitas, semerucos, guayabas y hasta un membrillo que nadie se explicaba como había llegado al huerto.

Un día las frutas comenzaron a escasear en todas partes y de repente Alirio, que así se llamaba, recibía visitas de un portugués que le quería comprar lo que produjera y a un precio alto. A poco se apareció un chino que le ofreció comprar la fruta y a un precio mucho mayor. De manera que Alirio empezó a recibir inesperado dinero y con poco trabajo pues le recogían la fruta diariamente y se la pagaban.

Su mujer sugirió usar los ingresos para mejorar la casa, comprarle ropa nueva a los hijos y también para ellos. Luego, para sorpresa de sus vecinos, apareció un carro bastante bueno en la puerta de Alirio y todos en el pueblo le felicitaban por su buena suerte.

Alirio disfrutaba su repentina fortuna y ayudaba a quien se lo pedía o sabía que tenía algún problema en el pueblo. Se hizo muy querido y popular y sus hijos recibían una importante cantidad todas las semanas para mantener su nuevo estilo de vida.

Pero un día las frutas volvieron a bajar de precio y también los guayabos producían menos pues ya las arrancaban sin madurar y ese era el principal ingreso. Alirio presentía el fin de su riqueza y de tanta preocupación se enfermó y al poco tiempo murió.

 Su hijo mayor se encargó del patio pero pronto se dio cuenta que no había para pagar las cuotas del carro, los arreglos de la casa, los favores prometidos a los vecinos y los gastos de los hijos.

En poco tiempo la familia de Alirio pasó de ser estimada a casi ser ignorada por los vecinos. Dos de los hijos se fueron con vergüenza a otro pueblo y se quedó el hijo mayor y su madre solos y con pocos ingresos.

Este cuento se ha repetido miles de veces en la historia de la humanidad. El disfrute de la riqueza sembrada por otros y creer que lo hicimos nosotros, y malbaratarla imaginando que las cosas son eternas, es común. Las crisis económicas de la Unión Europea y de los Estados Unidos tienen mucho que ver con alejamiento de la sencillez productiva del trabajo duro de muchas generaciones y cambiarla por marañas financieras o de filantropía social absurda que reparte regalos y favores y acostumbra a los pueblos a la dependencia gubernamental.

 Venezuela no ha escapado del cuento y ahora nos ahogamos en necesidades de todo tipo. Lo curioso es que ni siquiera los que nos metieron en este tremendo problema se reconocen como autores.

Más fácil es culpar al imperio, a la burguesía y a los vende patria. Pero todos sabemos que no es así y estos rojos se llevarán para siempre sus absurdos proyectos que ni eran viables ni los supieron manejar.

La hora del cambio es indetenible.

Eugenio Montoro