No vivimos mucho tiempo, y cuando empezamos a saber algo, o a conocer el modo de descubrirlo, ya nos movemos a toda velocidad, como si esquiáramos, por una pronunciada pendiente nevada, adelantando a unos en el descenso, y cruzándonos con otros que ascienden, y realmente hay poco tiempo para conocerse y charlar. Lo más que podemos hacer es gritar alguna cosa al pasar...
miércoles, 12 de agosto de 2020
La Plaza Francia o Plaza Altamira
sábado, 27 de junio de 2020
Caracas, 1936
Caracas, 1936. Cuadra entre las esquinas de Gradillas y La Torre. El tranvía hace su correspondiente parada y los caraqueños disponen de un servicio de transporte eficiente y ecológico.
Desde épocas de la colonia, el transporte público en Caracas fue a tracción animal.
Era curioso lo educado que estaban los animales. Cuando un pasajero sonaba la campanita antes de llegar a la parada, estos se detenían sin tener que decírselo, y si nadie sonaba la campanita, estos seguían su marcha.
En las esquinas muy empinadas, como existen varias en La Pastora, se veía una mula sola esperando apartada y al llegar el tranvía esta se ponía ella sola delante y el cochero la enganchaba y así subía la calle empinada arrastrada por tres mulas (en lugar de las usuales dos), luego al llegar a la esquina final, la desenganchaban y ella volvía sola al punto de partida a esperar el otro tranvía.
Cuando llegaron los tranvías eléctricos, la capital estaba muy orgullosa, sus empresas los mantenían en perfecto estado y limpios, sus choferes y colectores siempre estaban uniformados y de punta en blanco.
Los recorridos entre los diferentes lugares tenían precios variables, una vuelta al Paraíso costaba 10 céntimos, a Sabana Grande o Chacao valía 50 céntimos, a los Dos Caminos y a Los Chorros un bolívar, y hasta Petare había que pagar Bs. 1,50.
Cuentan que era sabroso tomar el tranvía a las 9 de la noche cuando se regresaba del trabajo. El tranvía recorría la calle real de la Candelaria y se veían las ventanas de las casas abiertas e iluminadas con sus familias cenando o conversando.
Los tranvías eléctricos circularon por Caracas hasta 1947. Después fueron depositados en el terreno de la esquina de Cervecería; allí permanecieron hasta 1951 cuando fueron deaguazados y vendidos como chatarra.
Fuente: https://www.instagram.com/p/CB9DfPLHHZ5/?igshid=9nipe7utr4r5
sábado, 7 de septiembre de 2019
Un país a los coñazos
Un país a los coñazos
J. L. Maldonado
-extracto-
En un país en donde los diputados —me disculpan que insista con el término— se caen a coñazos (es que suena sabroso y duele cuando es contigo); se insultan a diestra y siniestra sin importar que te vean por televisión a nivel nacional, qué puede pedírsele al ciudadano común que ve en sus “elegidos” por voto popular semejante ejemplo. Es como el padre que le dice al niño que no pelee en el colegio, pero le cae a palos al pobre carajito por un quítame esas pajas. A esto debo sumarle que ahora estallan algunas refinerías en el oriente y el occidente del país, lo cual no es poca cosa; se inundan las avenidas porque revientan las tuberías de agua o porque la lluvia inclemente hace lo suyo (en esta ciudad mea un zancudo y todo colapsa), entre otros avatares que ya conocemos de sobra y que vienen a redondear la suma de nuestros problemas.
Inquieta que después de tanto petróleo —una suerte de maldición—, el país se caiga a pedazos (que rima además con el término en cuestión). Duele, este caos duele. No hay partidismo que justifique esta debacle. No hay que ser de un bando o del otro para darse cuenta que el camino transitado hasta ahora estaba errado. “Hoy da” indignación vernos en una titánica lucha de unos contra otros; “Hoy da” rabia ver que la corrupción cabalga a rienda suelta y en la asamblea se pelotean el sustantivo como papa caliente; “Hoy da” pánico ver como el periodismo es arrinconado por un contrincante que es tan venezolano como uno. El país está tan golpeado como las dos mujeres del metro y se parece mucho a aquel mítico combate narrado por Miguel Thoddé entre el venezolano Betulio González y el mexicano Miguel Canto (ojo, cultura popular, yo no había nacido): “—¡Pega Betulio! ¡Vuelve a pegar Betulio! ¡Sigue pegando Betulio! ¡De nuevo pega Betulio! (...) Señores, se cayó Betulio”.
martes, 20 de agosto de 2019
10 maneras de pedir "la parada" en Caracas
por: J. L. Maldonado, palabrasyescombros.blogspot.in
Viajando en buseta, bus, por puesto, camionetica, guagua y demás calificativos que pueda tener la unidad de transporte terrestre, expongo las diversas maneras en que los usuarios le indican al conductor que han llegado a su destino:
1. Déjeme ahí mismito: esto quiere decir que, más allá de la parada reglamentaria, el usuario le dice al conductor déjame donde te dé la gana pero no muy lejos. El diminutivo es este caso aplica como una especie de buen trato y cordialidad. Incluso algunos conductores optaron por imprimir el costo del pasaje mínimo junto a la referida frase “de ahí mismito”.
2. Déjame en la esquina: algunos osados después de hacer su solicitud le añaden “por favor”, en un acto casi de reflexión en donde se reconoce que no es lugar para pararse, pero qué más da, Venezuela es Venezuela, en la esquina estoy más cerca de mi destino que si me dejan en la parada –dirán.
3. Por donde pueda: aquí siempre me pregunto, por donde pueda qué cosa. Por donde pueda, escupe por la ventana?; por donde pueda se rasca la nariz o nos aturde más con la música? (con respecto a la música parece que todos están sindicalizados con el reguetón o el vallenato). Como el “por donde pueda” le resulta más cómodo al conductor, éste determina dejar al pasajero donde se le dé la real gana, motivo por el cual el impaciente usuario termina diciendo “llévame pa’ tu casa” y la transacción del costo por el pasaje termina a regañadientes.
4. Déjeme aquí: a diferencia del punto tres, este resulta todo lo contrario. Este destaca por su carácter impositivo. Es aquí y ahora, en donde se esté, en mitad de la avenida, delante de los fiscales –que nunca hacen nada o cuando mucho lo que hacen es entorpecer mucho más el tráfico. Algunos conductores se arriesgan a omitir la petición, dicho en criollo, a hacerse los locos y a dejarlos en un lugar cerca de la parada (nunca en ella, claro).
5. Me deja en la puerta de…: esta solicitud puede variar de acuerdo al lugar y al usuario. Por lo general suele ser utilizada por personas de la tercera edad o jóvenes flojos que les da ladilla hasta caminar, razón por la cual piden que lo dejen en la puerta del edificio tal, o un poco más allá del árbol X.
6. Me deja en el rayado: quién carajo le dijo a la gente que esas rayas blancas sobre las avenidas son para descargar pasajeros. No señor, esas tiras blancuzcas, por lo general bastante gruesas, forman parte del adorno citadino, del complejo arte urbano que tiñe el asfalto. En otros países suelen ser utilizados para que los peatones crucen las calles y avenidas.
7. Me deja al pasar o al cruzar: algunos usuarios con las condiciones físicas para hacerlo, se lanzan a su destino apenas sienten que la unidad de transporte baja la velocidad y han cruzado la calle.
8. En la próxima parada: otra solicitud abierta. ¿La parada que viene, en la esquina, en el edificio...? Dónde, se preguntará el conductor. Esa cosa con dos palos y un travesaño que por lo general soporta un par de campañas publicitarias en los laterales de cualquier producto y que en algunos casos posen un pequeño banco para que los usuarios tomen asiento cómodamente, conocidas como parada o terminales, aquí cumplen cuatro funciones menos para la cual fueron hechas: uno, dormitorio de indigentes (también de meadero); dos, lienzo futurista para los grafiteros que no pelan una para plasmar sus coloridas y gigantes firmas; tres, diana gigante en donde van a parar los conductores ebrios después de media noche y cuatro, paraguas colectivo.
9. Me deja por la parada: es decir, literalmente el conductor dejaría al usuario en ese lugar imaginario (porque en Caracas parece serlo) y lo sustituiría, lo canjearía, “por” la parada, adentrando ese mamotreto inútil dentro del trasporte llevándose por el medio a quien fuera.
10. Me deja “en” la parada: esta sería la frase más precisa con la cual los usuarios del transporte público anunciarían que han llegado al llegadero, pero –siempre hay un pero– la “parada”, esa especie de entelequia citadina en donde los usuarios de a pie deberían tomar o bajarse del autobús, está en el imaginario de cada conductor. Es por ello que deberíamos decirles a los “profesionales del volante” (las comillas van un breve halo de sarcasmo) déjeme en “su” parada.
Están son las diez maneras básicas de cómo los venezolanos (al menos los caraqueños) solicitamos que nos dejen “en” la parada. Un punto no tan simpático que no quiero pasar por alto y que es común a las diez enumeraciones anteriores, es que cuando algún usuario se baja en su destino y el transporte apenas lleva veinte metros andando, siempre –o casi siempre- salta alguien diciendo “ay señor, déjeme por aquí”.
Si usted tiene otra manera de pedir "la parada", pues dígalo por aquí.
Foto: Sofía Jaimes Barreto
lunes, 19 de agosto de 2019
Petare
Petare, en Caracas, es el barrio más grande y peligroso de América Latina.
Sus 500.000 habitantes viven en una estructura de casas precarias acumuladas una encima de la otra en una superficie de solo 40 km2. Tiene, además, la triste condecoración de ser el barrio más peligroso de la ciudad más peligrosa del planeta.
Las terribles condiciones higiénicas, la ausencia de los servicios básicos y la incompetencia del transporte público hacen que la vida en este lugar sea extraordinariamente ardua.
La falta de una estructura laboral efectiva, los terribles sueldos y el abandono estatal han llevado al decaimiento del tejido social; el resultado es una de las tasas de delincuencia y homicidios más altas de todo el planeta.
El dinero fácil, la venta de drogas y las armas se asocian al estatus social y poder, centenares de jóvenes se ven seducidos por el camino de la criminalidad como último recurso para mantenerse a flote.
Fuente: Hechos Latinoamericanos (Instagram)
sábado, 10 de agosto de 2019
LOS VENEZOLANOS: DESLUMBRAR
miércoles, 11 de mayo de 2016
La verdadera historia del "por ahora "
JEMC: -Cnel. Yanez comuníqueme con el Tcnel. Hugo Chávez.
Cnel. Yanez: -Mi general, el Tcnel. Chávez dice que no tiene nada que hablar con Ud.
JEMC: Cnel. Yanez, dígale al Tcnel. Chávez que tiene cinco minutos para rendirse, si no, los aviones que en este momento están volando sobre Caracas atacarán el Museo.
En este momento el JEMC tranca el teléfono, no habían pasado dos minutos cuando el teléfono del JEMC repica; el ayudante toma el teléfono y dice:
-Mi general es el Tcnel. Chávez, quiere hablar con Ud.
Tcnel. Hugo Chávez: -Mi General deseo hablar con usted "porque eso no fue lo que hablé con mi general Ochoa ".
JEMC: - Tcnel. Chávez me importa un "comino" lo que Ud. haya hablado con Ochoa, o Ud. se rinde o el Museo será atacado (pausa de menos de un minuto) .
Tcnel. Hugo Chávez: -Está bien mi General me entrego...
Fucking Around
miércoles, 27 de mayo de 2015
Venezolanos: la nueva “invasión” de Panamá
lunes, 24 de marzo de 2014
El Señor y el perro
@soydirecto: Este señor lleva toda la vida vendiendo libros a las afueras de la UCV y hoy mirelo junto a su perro http://twitter.com/lobachevscki/status/443897041706418177/photo/1
lunes, 28 de octubre de 2013
Rostros censurados
“conducta pública perniciosa”
o “bajar el tono..”
A veces me llegan cosas como esta que hoy quiero compartir con ustedes. La escribió mi admirada Jorgita Rodríguez; a mi entender y visto lo visto, la productora más sensata y de mejor tino de espectáculos en Venezuela.
Triste pero cierto lo que nos dice Jorgita, quien al igual que el niño que puso en evidencia al rey que andaba desnudo, hoy nos da cuenta de lo que estos ineptos, panfletarios, destructores y envidiosos, son capaces de hacer con los artistas libres que no tenemos miedo, y a quienes no nos da la gana de jalar bolas ni idolatrar a nadie, a menos que sea el arte por el arte.
Me gustaría saber la opinión de algunos de los artistas con talento que, callados y vestidos de rojo, aplauden en silencio al poder en los teatros de Venezuela construidos para artistas libres. Qué pena verlos transformados en vergonzosos cómplices de la ignominia y asistentes complacientes de un verdugo inculto.
Que hable Jorgita: En los últimos tiempos, los trabajadores de una parte del sector que hace vida teatral y artística en el país, han visto, con extrema preocupación, la censura directa o solapada que se enfila, en nombre de un proyecto político y desde ciertas instituciones gubernamentales, contra algunos artistas críticos al gobierno, negándoles a ellos y al equipo que los acompaña su sagrado y legítimo derecho al trabajo y, por ende, al espectador, su también legítimo derecho al disfrute.
Casos como el retiro de los subsidios a grupos de “conductas públicas perniciosas” como sucediera hace unos años con el GA80 y Skena; la revisión y exigencias de algunas salas, de hacer cambios al libreto o “bajar el tono” para no herir susceptibilidades; el veto, en los hoteles de la cadena nacional Venetur, a reconocidos humoristas y artistas de oposición o la actitud de algunas alcaldías subordinadas a ciertas gobernaciones, de negar los permisos necesarios para montar un espectáculo en alguna ciudad, nos ponen ante un panorama desalentador que recrea el camino a la barbarie. Erigirse como “dueños” de espacios culturales, alegando razones como la de “en mi teatro no se presenta fulano”, con la pretensión perversa de hacerse de una propiedad que en realidad pertenece al Estado para uso de quienes son sus contribuyentes y beneficiarios, es decir TODOS los venezolanos y no al gobierno de turno que lo regente, es el más claro ejemplo de abuso y atropello para quienes, por derecho propio, deciden pensar y opinar de manera diferente.
Evaluar un espectáculo antes de que el público lo haga, además de cercenar la capacidad de pensar, cierra la posibilidad al espectador de tener la última palabra para decidir. Censurar por su postura política a un artista, pretender silenciar el humor y la comedia, por su innata condición crítica de los desaciertos del poder, solo estimula la prominente intolerancia típica de los regímenes dictatoriales. Salvo muy pocas y contadas excepciones, quienes lideran el proyecto de país se olvidan que los ciudadanos diverso-pensantes pertenecen también a ese mismo país.
La patria debe contar con buenos dirigentes que apuesten a la reconciliación, que hagan esfuerzos honestos para que los venezolanos se reencuentren. El pensamiento y las opiniones plurales son factor determinante del desarrollo de una nación. La crítica conduce a la madurez social y al franco progreso. Levantar el telón a voces sin censura, a expresiones libres, es el bien necesario que toda Democracia verdadera merece. @talentofemenino.
Por: Claudio Nazoa
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lunes, 28 de octubre de 2013
domingo, 27 de octubre de 2013
“Llegó la harina. ¡Vente!”
ElPaís.es: “Llegó la harina. ¡Vente!”
http://feedly.com/k/1gSUb2q
Están ocurriendo todos los acontecimientos que se suelen dar cuando la economía se la pega contra la pared. Encontrar papel higiénico una ardua búsqueda en la red de supermercados y abastos
Revolución sin fondos
■ El Gobierno importará 400.000 toneladas hasta fin de año.
■ BCV registra desabastecimiento de 79% en el caso del papel higiénico.
■ Venezuela se aferra a un modelo económico que mantiene al país desabastecido de alimentos básicos.
■ El país no tiene divisas y se está produciendo un problema de abastecimiento que el Gobierno achaca a una conspiración.
El jueves pasado llegó la harina de maíz precocida al supermercado más grande del barrio Santa Cruz, al sureste de Caracas (Venezuela), donde las casas se amontonan sobre suelos inestables. Al pie de esa colina hay talleres mecánicos, ferreterías, una parada de autobuses y contenedores rebosantes de basura. Los habitantes se enteraron de la llegada de la harina sin necesidad de mirarse o hablarse. Es una práctica extendida entre los consumidores venezolanos: solo tienen que observar las bolsas que cargan los vecinos que vienen del supermercado para saber si están disponibles o no los productos que escasean.
¡A comer yuca!
Desde hace varios meses no se consiguen con facilidad la harina de maíz precocida en su presentación de un kilo —la base para cocinar las arepas, el plato típico venezolano—, el aceite, la leche en polvo y líquida, el azúcar, la mantequilla o el pollo. Hay que recorrer varios supermercados o comprarlos a los vendedores informales. Al desabastecimiento se suma la escasez. Ahora el promedio de escasez es del 20%, un porcentaje que no se había alcanzado en los cuatro años anteriores según los informes del Banco Central de Venezuela (BCV). Y desde 2005 el marcador no ha bajado del 10%, lo que indica que en Venezuela la escasez es ya crónica, de acuerdo con el economista Ángel Alayón. “Lo normal es 5%”, explica. En septiembre el índice trepó a 21,2% el segundo más alto del año.
Venezuela ha llegado a esta situación por una combinación de varios factores: un control de precios de productos esenciales vigente desde hace una década que solo es revisado por el Gobierno cuando estos no aparecen en los anaqueles; la sobrevaluación del tipo de cambio que fomenta las importaciones en desmedro de la producción local y el contrabando de extracción. Los productos venezolanos cruzan la frontera con Colombia pese a los esfuerzos que hace el Gobierno por evitarlo.
Rosa Delgado, una vecina de Santa Cruz que la tarde del jueves se acercó al supermercado, llevaba dos meses sin conseguir Harina Pan, la presentación producida por el gigante alimentario Alimentos Polar, la marca de su preferencia en harina precocida. Cuando vio a unos vecinos del barrio con el producto le pidió a su hijo Yonaiker Pico que la acompañara. Los bultos de harina estaban dispuestos de cualquier forma en el pasillo del fondo del supermercado sobre una paleta de madera. Yonaiker abrazó 12 paquetes. Como entre los dos no podían llevarse todos los paquetes, Yonaiker le escribió un mensaje de texto a su hermana. “Llegó la Harina Pan. Vente”.
Una hora después la clientela casi había acabado con todas las reservas. Apenas quedaban algunos bultos que la gente despedazaba con la desesperación del hambriento. Los empleados del supermercado miraban el espectáculo con cierta indiferencia aunque trataban de identificar si sobraba algún paquete para guardarlo. Eran las sobras, sí, pero en una situación de persistente desabastecimiento trabajar en un sitio donde venden comida es un privilegio. Una de las supervisoras de pronto dijo en voz alta: “Los empleados pueden pasar por la caja número ocho con su carnet para pagar su compra”.
Elba, una de las empleadas del supermercado que retiraba los retazos de los bultos, apartó entonces un empaque aplastado y siguió hurgando entre los restos que habían dejado los clientes a ver si conseguía algo más. Puede llevarse hasta cuatro unidades. Esa es otra de las regulaciones impuestas por los supermercados para evitar que una persona se lo lleve todo. Pero la gente encuentra la forma de saltarse esa regla. “¿Ves aquel muchacho que está allá?”, le dice la cajera a una mujer que se dispone a pagar. “Él ha entrado varias veces a comprar Harina Pan. Yo no puedo hacer nada porque a mí me pagan por facturar la compra”. Lo más probable es que aquel hombre luego revendiera el producto al triple o al cuádruple de su valor en las redes de la economía informal. O lo almacenara en su casa.
Esa desesperación del consumidor está reflejada en las cifras del Banco Central. El informe más actualizado asegura que de cada 100 establecimientos visitados por los técnicos en 71,4 no había harina de maíz precocida de ninguna marca. En 85,8 faltaba la leche entera en polvo, en 84,2 los aceites mezclados y en 85,3 el azúcar. El supermercado de Santa Cruz no tenía el jueves azúcar ni leche en polvo. Nadie tenía la certeza de cuándo podría llegar. Elba, la empleada del supermercado, dice: “Nosotros no podemos tener inventarios. Mercancía que llega, mercancía que sale hasta que se la llevan toda”. Las grandes cadenas temen que si tienen stock los acusen de acaparadores.
Este jueves el Gobierno anunció que los controles seguirían. El gabinete económico ha decidido afrontar la crisis apelando a las reservas estratégicas de alimentos e importando masivamente todo lo que falta. Entre noviembre y diciembre, según el ministro de Alimentación, Carlos Osorio, llegarán 400.000 de alimentos provenientes de Nicaragua, Argentina y Brasil.
El presidente, Nicolás Maduro, ha insistido en que su Gobierno es víctima de una “guerra económica” y que si los empresarios produjeran no habría desabastecimiento. Las empresas tienen en el diferencial cambiario una tentación muy grande. Es más rentable producir cantidades controladas con los dólares preferenciales que entrega el Gobierno y quedarse con una parte para revenderlos en el mercado negro. Las ganancias son del 500%.
Los clientes del supermercado que ya habían completado su cupo de harina revisaban al final de la tarde las existencias de papel higiénico, aceite y mantequilla. No parecía llamarles tanto la atención El papel solo se vendía por rollos y había llegado al país procedente de Colombia. La mantequilla, marca Mirasol, no era tomada en cuenta por los clientes, que estaban buscando Mavesa, una marca de Alimentos Polar que ya casi no se ve. Al final de la tarde, cuando la afluencia de clientes en el supermercado ya había bajado, Yonaiker seguía esperando a su hermana para poder llevarse los 12 paquetes de harina. Si ella no llegaba, Rosa y él solo se podrían llevar ocho. Parecían preocupados. Entonces otro cliente les dijo: “Señora, pague y vuelva a entrar otra vez”.
Aumenta escasez de alimentos y rubros de cuidado personal. Atrás ha quedado el tiempo en que la escasez se concentraba en pocos productos.
Mercado difícil:
Atrás ha quedado el tiempo en que la escasez se concentraba en pocos productos, las estadísticas oficiales desnudan que la lista de alimentos básicos y bienes de cuidado personal que los consumidores no encuentran en supermercados y abastos crece de manera constante en una economía donde la oferta y la demanda permanecen divorciadas.
El índice de escasez que elabora el Banco Central para medir el desabastecimiento en Caracas, registra el incremento de la escasez en 18 de los 19 rubros de alimentos y cuidado personal a los que la Superintendencia Nacional de Costos y Precios (Sundecop) les controló el precio el año pasado.
Entre los casos más resaltantes se encuentra que al cierre de septiembre en 79 de cada 100 establecimientos comerciales de Caracas no había papel higiénico, mientras que en diciembre el número de locales desabastecidos se ubicaba en 17; en el caso de las compotas la escasez aumenta desde 0,6% hasta 15,8% en este mismo lapso; en ceras para pisos desde 7,8% hasta 43,1% y jabón de baño desde 8,1% hasta 19,4%.
Decididos a contener el avance de la inflación en un año en que Hugo Chávez buscaba afanosamente la reelección, los directivos de la Sundecop emitieron una resolución que en abril de 2012 rebajó el precio de los principales rubros de cuidado personal y desde entonces, no ha permitido que las empresas aumenten el valor de los productos.
La consecuencia es que el congelamiento de precios impulsa la demanda mientras que las empresas disminuyen la oferta porque enfrentan problemas para cubrir costos de producción y, por tanto, la escasez se esparce.
El contrabando también entra en el juego. Por contar con un precio artificialmente bajo las marcas de pañales, detergentes o cremas dentales reconocidas internacionalmente están saliendo de Venezuela de forma ilegal a países como Colombia, donde son revendidos.
El Gobierno está consciente del desajuste. En junio el vicepresidente, Jorge Arreaza, y el ministro de Finanzas, Nelson Merentes, entregaron al Presidente de la República, Nicolás Maduro, un punto de cuenta donde plantean la necesidad de autorizar incrementos en el precio de los 19 rubros controlados por la Sundecop desde un mínimo de 3% hasta un máximo de 24% pero aún no se ha tomado ninguna medida.
Desabastecimiento:
Las familias no solo tienen que lidiar con la ausencia de productos de cuidado personal, el Banco Central desnuda que en septiembre 16 alimentos se encuentran en la categoría de serios problemas de abastecimiento, es decir, con una escasez superior a 41%.
En 98,8 de cada 100 establecimientos comerciales de Caracas no había aceite de maíz, en 84,3 faltaba la leche completa en polvo, en 80,8 el azúcar, en 73 la harina de maíz precocida, en 64,3 la harina de trigo y en 58,4 la mantequilla.
Además los consumidores tienen mucha dificultad para adquirir leche descremada en polvo y líquida, aceite de girasol, aceites mezclados, arvejas, leche completa líquida, cortes de carne como punta trasera y muchacho, queso blanco pasteurizado y margarina.
Al igual que en el caso de los productos de cuidado personal analistas indican que el desabastecimiento de alimentos básicos obedece al congelamiento de precios, contrabando y factores adicionales como caída de la producción en empresas estatizadas, malversación en dólares autorizados por Cadivi y retraso en los puertos al momento de descargar las importaciones.
Para el Gobierno no es fácil permitir ajustes en el precio de los productos controlados en momentos en que la inflación se ubica en el nivel más alto de los últimos 17 años, por ende, en el corto plazo, se dispone a enfrentar el desequilibrio con un plan de importaciones.
Rafael Ramírez, vicepresidente del Área Económica, afirmó el miércoles de esta semana que “estamos preparando una ofensiva, una cosa masiva de importación de alimentos”.
Para cancelar estas importaciones la administración de Nicolás Maduro contempla utilizar dólares en efectivo, bonos que organismos públicos tienen en sus portafolios y permitir que otros países paguen deudas pendientes con Venezuela a través del envío de alimentos.
Por: Alfredo Meza
Víctor Salmerón
Caracas, domingo 27 de octubre, 2013
miércoles, 23 de octubre de 2013
Del amansapostes al sexting
Se ha identificado una nueva tendencia en el comportamiento sexual humano, el sexting; una voz inglesa, acrónimo de sex(sexo) y texting (escrito, mensaje); consiste en la costumbre cada vez más extendida entre los adultos jóvenes actuales, de enviar mensajes o fotografías sexualmente explícitas mediante los teléfonos móviles. Investigadores de la Universidad de Michigan (EE UU) analizaron esa práctica en 3.447 hombres y mujeres, con edades de 18 a 24 años, y llegaron a la conclusión de que se está convirtiendo en parte habitual del cortejo. “Simplemente es una de las formas en que la tecnología influye en nuestras vidas, incluida la sexualidad”, explica el sexólogo José Bauermeister. El sexting no es una forma de acoso sexual, por cuanto se hace de mutuo acuerdo y suele ocurrir entre parejas que ya tienen una relación.
Evidentemente, se trata de una modalidad del sexo a distancia, ahora potenciado por la comunicación electrónica.
El sexo a distancia abarca una amplia variedad de filias: rinofilias (erotización por vía olfativa), acustofilias (del oído) y pornofilias visuales; en general, se refiere a cualquier forma de estimulación erótica sin contacto piel-a-piel de las personas involucradas. Existe desde tiempos remotos y en los tiempos modernos cobra auge con la aparición del flagelo VHI-sida en la década de los 80; a propósito de satisfacer la demanda de satisfacción sexual sin riesgo de contagio de la más letal de las enfermedades sexuales, avispados empresarios del negocio del erotismo crearon los que llegaron a conocerse como Teatros de Amsterdam, consistentes en un escenario semejante a la pista de un circo, rodeado por cubículos aislados de ese espacio por una lámina de plexiglás, aunque interconectados acústicamente; en el escenario se llevaba a cabo el espectáculo erótico y en el cubículo el observador resuelve sus tensiones.
En el ámbito privado, parejas y grupos asumen el compromiso de exhibirse recíprocamente sin tocarse, en lo que hayan una emoción muy particular; con esa práctica relacionada con el sadomasoquismo ligero, imitan el llamado prospicio (del latín, literalmente “mirar de lejos”), etapa avanzada del proceso romántico del Amor Cortesano medieval, en la que la dama amada “idealmente” se dejaba ver desnuda por su caballero sirviente.
Las rinofilias y acustofilias tienen larguísima historia; tanto en la poética erótica europea de siglos pasados, como la china de tiempos más remotos, los vates celebran el placer de oler las ropas íntimas femeninas recientemente usadas; en una de las variantes de la acustofilia la persona se excita a partir de escuchar los sonidos característicos del acto sexual:
quejidos y suspiros, frases amorosas, crujidos de la cama, etc.
En la parroquia San Juan de Caracas existían pensiones en las que las habitaciones eran cubículos separados entre sí por tabiques de cartón piedra; por una módica
propina podía lograrse la
complicidad del encargado y ser el interesado ubicado en uno al lado de otro que sería ocupado por parejas.
El sexting aparece en el marco del sexo virtual realizado mediante internet; mis primeros encuentros con este fenómeno de la Era Electrónica me llevaron a pensar que quienes buscaban contactos eróticos por tal medio eran personas con alguna ineptitud para establecer relaciones interpersonales cara-a-cara o impulsados por una avidez patológica de sexo; pronto aprendí cuán equivocado estaba en mi apreciación: el contacto por internet con propósitos sexuales es una forma socialmente aceptada de establecer relaciones de pareja, que compite con el “levante” en presencia tradicional, al extremo de estar remplazándolo. Más aún, existen parejas estables y bien cimentadas, al menos en lo sexual, que jamás se han encontrado personalmente; y quienes lo practican no sufren problemas de ansiedad ni de autoestima ni ninguna patología en su sexualidad.
Y aquí viene a lugar la expresión “¡Cuándo en mis tiempos!” En época pasada, no tan distante, el romance era asunto complicado, laborioso, lleno de angustias.
En una revisión que hiciéramos de la cultura erótica capitalina de las primeras décadas del s. XX, a partir de testimonios de “caraqueños viejos” y de los cronistas urbanos, identificamos los siguientes pasos del ritual de cortejo por los que debía pasar el galán: enamorado ambulatorio, enamorado “de ventana”: cuando la muchacha aceptaba la aproximación para conversar a la ventana en la que solían mostrarse las caraqueñas casaderas en horas de la tarde; pretendiente aceptado en la casa: al lograr el acceso en plan de amigo, y novio formal, una vez cumplido el ritual de pedir la mano y ser aceptado por el padre de la amada; el proceso podía durar unos dos años.
En la etapa inicial de enamorado ambulatorio, el galán paseaba reiteradamente por la acera de enfrente a la aludida ventana, mirando hacia su ocupante; naturalmente fatigado por ese ir y venir, el aspirante se recostaba en algún poste del alumbrado eléctrico próximo a esta, desde donde a veces hacía señales gestuales expresivas de sus sentimientos. El ingenio popular acuñó el término amansaposte para designar ese comporamiento, y la gente decía: “Ayer vimos a Teodoro amansando poste frente a la casa de María”; y no faltaban jodedores que al pasar por ahí en carro o en bicicleta, gritaran a leco herido “¡Amansaposte, amansaposte!” causandola inevitable irritación del aludido y el rubor de la muchacha ventanera.
Rubén Monasterios





