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sábado, 27 de junio de 2020

Caracas, 1936

Caracas, 1936. Cuadra entre las esquinas de Gradillas y La Torre. El tranvía hace su correspondiente parada y los caraqueños disponen de un servicio de transporte eficiente y ecológico.

Desde épocas de la colonia, el transporte público en Caracas fue a tracción animal.
Era curioso lo educado que estaban los animales. Cuando un pasajero sonaba la campanita antes de llegar a la parada, estos se detenían sin tener que decírselo, y si nadie sonaba la campanita, estos seguían su marcha.
En las esquinas muy empinadas, como existen varias en La Pastora, se veía una mula sola esperando apartada y al llegar el tranvía esta se ponía ella sola delante y el cochero la enganchaba y así subía la calle empinada arrastrada por tres mulas (en lugar de las usuales dos), luego al llegar a la esquina final, la desenganchaban y ella volvía sola al punto de partida a esperar el otro tranvía.
Cuando llegaron los tranvías eléctricos, la capital estaba muy orgullosa, sus empresas los mantenían en perfecto estado y limpios, sus choferes y colectores siempre estaban uniformados y de punta en blanco.
Los recorridos entre los diferentes lugares tenían precios variables, una vuelta al Paraíso costaba 10 céntimos, a Sabana Grande o Chacao valía 50 céntimos, a los Dos Caminos y a Los Chorros un bolívar, y hasta Petare había que pagar Bs. 1,50.
Cuentan que era sabroso tomar el tranvía a las 9 de la noche cuando se regresaba del trabajo. El tranvía recorría la calle real de la Candelaria y se veían las ventanas de las casas abiertas e iluminadas con sus familias cenando o conversando.
Los tranvías eléctricos circularon por Caracas hasta 1947. Después fueron depositados en el terreno de la esquina de Cervecería; allí permanecieron hasta 1951 cuando fueron deaguazados y vendidos como chatarra.

Fuente: https://www.instagram.com/p/CB9DfPLHHZ5/?igshid=9nipe7utr4r5


viernes, 30 de agosto de 2019

Historias subterráneas

Reviso mi monedero. Tengo un bolsillo lleno de tickets de Metro de los de color amarillo de hace tiempo, cuando todavía se vendían. Compraba muchos para no estar haciendo cola tan seguido. Los guardé allí cuando dejaron de cobrar la entrada. No se pagó durante mucho tiempo. Los volví a buscar ahora, que a veces cobran. Es aleatorio. La diferencia es que los de antes tienen la banda magnética, están bien cortados y son de un material de mejor calidad. Los de ahora parecen de mentira o de juego. Son de cartón chimbo y rectángulos irregulares.

Le entrego un ticket al miliciano —un anciano integrante del cuerpo de milicias civiles de apoyo a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana—. A los milicianos les asignan ciertos trabajos especiales. En este caso su única labor es recibir y romper tickets de Metro todo el día. Lo ve, le da vuelta y me detiene:

—Este no sirve.

—¿Por qué?

—No es de los que estamos vendiendo.

—Pero yo lo había comprado hace tiempo e igual lo van a romper.

El miliciano lo piensa y me deja pasar.

—Pero será mejor que vaya comprando tickets nuevos porque esos que tiene ya no sirven.

Rompe el ticket y lo tira en la papelera que tiene detrás del torniquete. •

Fuente:  Historias que laten 


martes, 20 de agosto de 2019

10 maneras de pedir "la parada" en Caracas




por: J. L. Maldonado, palabrasyescombros.blogspot.in

Viajando en buseta, bus, por puesto, camionetica, guagua y demás calificativos que pueda tener la unidad de transporte terrestre, expongo las diversas maneras en que los usuarios le indican al conductor que han llegado a su destino:

1. Déjeme ahí mismito: esto quiere decir que, más allá de la parada reglamentaria, el usuario le dice al conductor déjame donde te dé la gana pero no muy lejos. El diminutivo es este caso aplica como una especie de buen trato y cordialidad. Incluso algunos conductores optaron por imprimir el costo del pasaje mínimo junto a la referida frase “de ahí mismito”.

2. Déjame en la esquina: algunos osados después de hacer su solicitud le añaden “por favor”, en un acto casi de reflexión en donde se reconoce que no es lugar para pararse, pero qué más da, Venezuela es Venezuela, en la esquina estoy más cerca de mi destino que si me dejan en la parada –dirán.

3. Por donde pueda: aquí siempre me pregunto, por donde pueda qué cosa. Por donde pueda, escupe por la ventana?; por donde pueda se rasca la nariz o nos aturde más con la música? (con respecto a la música parece que todos están sindicalizados con el reguetón o el vallenato). Como el “por donde pueda” le resulta más cómodo al conductor, éste determina dejar al pasajero donde se le dé la real gana, motivo por el cual el impaciente usuario termina diciendo “llévame pa’ tu casa” y la transacción del costo por el pasaje termina a regañadientes.

4. Déjeme aquí: a diferencia del punto tres, este resulta todo lo contrario. Este destaca por su carácter impositivo. Es aquí y ahora, en donde se esté, en mitad de la avenida, delante de los fiscales –que nunca hacen nada o cuando mucho lo que hacen es entorpecer mucho más el tráfico. Algunos conductores se arriesgan a omitir la petición, dicho en criollo, a hacerse los locos y a dejarlos en un lugar cerca de la parada (nunca en ella, claro).

5. Me deja en la puerta de…: esta solicitud puede variar de acuerdo al lugar y al usuario. Por lo general suele ser utilizada por personas de la tercera edad o jóvenes flojos que les da ladilla hasta caminar, razón por la cual piden que lo dejen en la puerta del edificio tal, o un poco más allá del árbol X.

6. Me deja en el rayado: quién carajo le dijo a la gente que esas rayas blancas sobre las avenidas son para descargar pasajeros. No señor, esas tiras blancuzcas, por lo general bastante gruesas, forman parte del adorno citadino, del complejo arte urbano que tiñe el asfalto. En otros países suelen ser utilizados para que los peatones crucen las calles y avenidas.

7. Me deja al pasar o al cruzar: algunos usuarios con las condiciones físicas para hacerlo, se lanzan a su destino apenas sienten que la unidad de transporte baja la velocidad y han cruzado la calle.

8. En la próxima parada: otra solicitud abierta. ¿La parada que viene, en la esquina, en el edificio...? Dónde, se preguntará el conductor. Esa cosa con dos palos y un travesaño que por lo general soporta un par de campañas publicitarias en los laterales de cualquier producto y que en algunos casos posen un pequeño banco para que los usuarios tomen asiento cómodamente, conocidas como parada o terminales, aquí cumplen cuatro funciones menos para la cual fueron hechas: uno, dormitorio de indigentes (también de meadero); dos, lienzo futurista para los grafiteros que no pelan una para plasmar sus coloridas y gigantes firmas; tres, diana gigante en donde van a parar los conductores ebrios después de media noche y cuatro, paraguas colectivo.

9. Me deja por la parada: es decir, literalmente el conductor dejaría al usuario en ese lugar imaginario (porque en Caracas parece serlo) y lo sustituiría, lo canjearía, “por” la parada, adentrando ese mamotreto inútil dentro del trasporte llevándose por el medio a quien fuera.

10. Me deja “en” la parada: esta sería la frase más precisa con la cual los usuarios del transporte público anunciarían que han llegado al llegadero, pero –siempre hay un pero– la “parada”, esa especie de entelequia citadina en donde los usuarios de a pie deberían tomar o bajarse del autobús, está en el imaginario de cada conductor. Es por ello que deberíamos decirles a los “profesionales del volante” (las comillas van un breve halo de sarcasmo) déjeme en “su” parada.

Están son las diez maneras básicas de cómo los venezolanos (al menos los caraqueños) solicitamos que nos dejen “en” la parada. Un punto no tan simpático que no quiero pasar por alto y que es común a las diez enumeraciones anteriores, es que cuando algún usuario se baja en su destino y el transporte apenas lleva veinte metros andando, siempre –o casi siempre- salta alguien diciendo “ay señor, déjeme por aquí”.

Si usted tiene otra manera de pedir "la parada", pues dígalo por aquí.

Foto: Sofía Jaimes Barreto