domingo, 27 de octubre de 2013

Arshile Gorki: Memorias de Armenia: década del cuarenta


En la obra de este período, Gorky hace referencias específicas a su ser armenio. Entre 1938 y 1942, Gorky se dedica a una serie de pinturas llamadas "Garden in Sochi", caracterizadas por las influencias Surrealistas, salpicadas de tintes personales. En el año 1934, el artista explicó que el título adecuado para esta serie hubiera sido, en realidad, "Garden in Khorkom", en referencia a su lugar de nacimiento, pero que finalmente había optado por el más familiar nombre de "Sochi" (una playa rusa , al borde del mar negro), ya que seguía firme en su opinión de que los norteamericanos eran ignorantes en todo lo referente a su Armenia natal. No obstante, más allá del título, estos trabajos  estuvieron indudablemente inspirados en su experiencia armenia. El jardín  al que hace alusión el título, era un jardín que estaba cerca del hogar de  los Adoian, en Khorkom. En estos años Gorky alcanzó la máxima cercanía con respecto a Armenia, tanto en lo que hace al sentimiento - aspecto que se ve reflejado en su pintura - como en lo que hace al intelecto - aspecto que se ve reflejado en sus estudios - No obstante, esto, a su vez, debe haber acentuado su diferencia o su sentimiento de soledad notablemente, ya que el sólo vínculo con el pasado no es suficiente para vivir.
  "The sensitivity of the armenian world seems to flow out of my hands and mind. When I see ancient armenian art I feel that I am a part of it? it is as if that ancient artist felt and thought as I do [...] Strange, that thousands of years of separation produce the sinew of identity" [Waldman, op.cit., p. 56].
En el año 1941, con el fin de organizar una muestra en San Francisco, Gorky viajó por primera vez desde su llegada a América, atravesando el país en dirección a California. Este viaje tuvo un profundo impacto para él, ya que se reencontró con la naturaleza que había dejado en su país. El clima, los bosques y las montañas de California le recordaron a Armenia. Y, como consecuencia de este contacto con el entorno natural, se despertó en Gorky un sentimiento especial para con la naturaleza; un fuerte lazo que dejaría traslucir en una nueva serie de pinturas que realizó, directamente inmerso en el paisaje mismo. Todos estos paisajes que pintó durante su estadía en Connecticut y Virginia, así como también los que siguieron, constituyen memorias de su Armenia natal. Son parte de su vida interior.
"The state of Virginia reminds one of Armenia's lowlands, particularly as we descended into the lower Ararat-Arax valley although it is considerably less majestic" [Lader, op.cit., p. 71].
Ya en el año 1944, las memorias de Gorky afloran nuevamente en una obra llamada "How my mother's embroidered apron unfolds in my life". Tal y como lo dice el título, esta pintura halló su inspiración el el delantal de Shushanik y está realizado en una tonalidad cálida, similar a la empleada en la serie de los jardines de Sochi. En ella se expresa nuevamente el deseo de Gorky de recuperar aquello que ha perdido; de volver a refugiarse en la paz del delantal de su madre. El artista nunca pudo aceptar esta pérdida; nunca pudo renunciar a esto. Se debe notar también que, a pesar de que a esta obra en particular se la enmarca en el Surrealismo, está más allá de éste y de cualquier movimiento, al igual que sus figuras llamadas "Híbridos" por otros artistas contemporáneos, admirados por esta habilidad de Gorky.

"Arshile Gorky: Una experiencia armenia en la diáspora"
Lic. Maria de la Paz Albarracín

Arshile Gorki: Memorias de Armenia: década del treinta


En la década  del treinta, como consecuencia de la depresión, Gorky tuvo que afrontar serios problemas económicos, La única solución que encontró, fue acceder a un programa del gobierno de ayuda a los artistas, para lo cual tuvo que nacionalizarse como americano. Tomó esta decisión con el propósito de encontrarle una salida a su preocupante situación económica, pero Gorky nunca fue americano. El desarrollo de su pintura en esta época fue mucho más complejo, fusionando distintos movimientos pictóricos y tendiendo hacia lo más abstracto, con el deseo de develar las verdades allí ocultas. Se debe profundizar bastante más para descubrir su Armenia en las obras cubistas y abstractas, pero si el observador atento sabe buscar, allí mismo la encontrará. Muchos de los trabajos de Gorky de este período son imágenes de su hogar; imágenes de su infancia en Jorkom, en las cuales predominan los rojos, anaranjados, amarillos, verdes y marrones, de tonos vívidos y fuertes contrastes. Esta serie recibe el nombre de "Imágenes de Jorkom". Había comentado previamente la idea de Gorky acerca de la importancia de la tradición como la premisa fundamental de todo gran arte. Para el artista, las raíces del Cubismo se encontraban en el arte antiguo y medieval. Pero fue quizás en sus trabajos figurativos, particularmente en sus dibujos de los años treinta, que su propia continuación de la tradición de los antiguos maestros, se hizo más clara y manifiesta. Me refiero particularmente a dos dibujos relacionados con la obra "El artista y su madre", uno data del año1934 y el otro, de 1938, detallados dibujos de la cabeza de Shushanik, de los cuales el artista estaba muy orgulloso.
Esta etapa de su vida marca una profundización de la serie de Retratos Armenios, gracias a estos dibujos con lápiz y a un decidido intento de plasmar sus memorias y deseos de Armenia, desde un enfoque más abstracto y simbólico.

"Arshile Gorky: Una experiencia armenia en la diáspora"
Lic. Maria de la Paz Albarracín

EL BOLCHEVIQUE DE LA CANDELARIA

EDUARDO GUZMÁN PÉREZ,

http://elrepublicanoliberal.blogspot.com/2013/10/eduardo-guzman-perez-el-bolchevique-de.html

La consigna del Partido Bolchevique al iniciarse la revolución comunista  en Rusia  en 1917 fue: “Todo el poder a los soviets”, y los soviets eran organismos integrados por campesinos desplazados, soldados desertores, vagabundos, desempleados, en fin  el  lumpen proletariat. La consigna  era,  pues, "Todo el poder al Partido Comunista".

El primer dictador y criminal ruso comunista del siglo XX fue Lenin, después del coup d’ etat, dijo: "Conquistemos el poder, procuremos nacionalizar la banca y luego ya veremos lo que hacemos; la experiencia nos enseñará". Luego le seguiría el monstruoso  verdugo de Stalin por 25 años. El partido bolchevique-comunista lo dirigía entre otros, hombres inteligentes como, Trotzki, Kamenev, Zinoviev, Bujarin y  Sverdlovsk.

Rusia  estaba azotada por el hambre  y una  severa crisis económica, y la repuesta  comunista fue  mayores controles, más revolución, más represión, más cárcel y fusilamientos a granel. Y oigan lo que dijo Lenin 

"La naturaleza humana no puede pasarse sin la subordinación... Tiene que haber una sumisión a la "vanguardia armada"... hasta que la gente llegue a acostumbrarse a las normas elementales voluntariamente, sin necesidad de forzarla". "Aplastar a sus enemigos es la finalidad principal de la `dictadura del proletariado”, un objetivo que hay que lograr a toda costa".


En enero de 1959 del  recién  siglo XX, los comunistas cubanos, cristo en mano, tal como lo hizo Chávez  alcanzan el poder. La política de su líder, Fidel Castro, fue  centralizar todo: Revolución y fuerzas armadas  un  solo poder  y  un jefe único, Fidel.  Los  cientos de fusilamientos  de Fidel y del Che  en la cárcel de la Cabaña no importaron y la  bárbara represión, toda la necesaria, Ante el desmantelamiento de todo en Cuba  y los  graves errores cometidos  en la dirección de la economía, la repuesta fue: más concentración de  poder,  más controles, más represión y cárcel, más estatización, mas revolución a lo  verdugo  Stalin.

Durante 14 años del despótico y perverso  régimen del difunto, fue lentamente controlando  todos los poderes, y  fue el jefe absoluto y único, sin hasta ahora aun un líder opositor. Pero acompañado de  mediocres  en el alto Gobierno, ante la  carencia de funcionarios capaces fue llenando los vacíos con militares mediocres   de su confianza, mas no de sapiencia  para enfrentar los graves problemas que ellos mismos habían ahondado, y, todo le devenía de cuba, factura  ahora impagable que  heredo  el plurinacido Maduro.

Muerto el hoy difunto en Cuba, Maduro, mediante trácalas del  TSJ y el CNE y  con anuencia de los llamados opositores, todo trazado  por los Castro desde Cuba,  lo  convierten  en Presidente. Su experiencia dicha por él  reposero del Metro, C.A y chofer,  y haber pertenecido  en la Liga Socialista. La crisis económica se le  escapo  ante su incapacidad manifiesta y está al borde del precipicio.

No  lo acompañan hombres inteligentes como los  que utilizo  Lenin, sino  los mismos sumisos mediocres  de Chávez: Giordani, Ramírez, Jaua y el joven Arreaza, que se ganó el cargo al convertirse en el primer yerno de la patria.  Ante el caos político y la severa  crisis económica-social  que azota el país  solo se le ocurre  acumular  poder, amenazar y denunciar magnicidios y "profundizar la revolución"., eso lo pierde más  Crean el Cesppa y con ello le entregan más  poder a los milicos, y  una  habilitante para el ignaro presidente. 

Un  hombre de  muy poca  formación cultural  y  menos  inteligencia, no lo digo  sin lo manifiesta él  y lo peor sus  devenidos  enchufados  en el  alto  que agravan su caos cada vez más.  Solución: Frente a su desastre y el caos nacional,  militarizar es la consigna del cuestionado presidente  protempore, veremos,  y, así,  sigue la farsa, Alea jacta est..

Jose Eduardo Guzman Perez

La Guayaba Se Secó


http://elrepublicanoliberal.blogspot.com/2013/10/eugenio-montoro-la-guayaba-se-seco.html

Había una vez un padre de familia que vivía con su mujer y tres hijos en un pueblito del Guárico. Su casa, aunque humilde, tenía un patio muy grande en la parte de atrás donde por varias generaciones su bisabuelo, su abuelo y su padre habían venido sembrando árboles frutales. Había de todo, mangos, mamones, ciruelitas, semerucos, guayabas y hasta un membrillo que nadie se explicaba como había llegado al huerto.

Un día las frutas comenzaron a escasear en todas partes y de repente Alirio, que así se llamaba, recibía visitas de un portugués que le quería comprar lo que produjera y a un precio alto. A poco se apareció un chino que le ofreció comprar la fruta y a un precio mucho mayor. De manera que Alirio empezó a recibir inesperado dinero y con poco trabajo pues le recogían la fruta diariamente y se la pagaban.

Su mujer sugirió usar los ingresos para mejorar la casa, comprarle ropa nueva a los hijos y también para ellos. Luego, para sorpresa de sus vecinos, apareció un carro bastante bueno en la puerta de Alirio y todos en el pueblo le felicitaban por su buena suerte.

Alirio disfrutaba su repentina fortuna y ayudaba a quien se lo pedía o sabía que tenía algún problema en el pueblo. Se hizo muy querido y popular y sus hijos recibían una importante cantidad todas las semanas para mantener su nuevo estilo de vida.

Pero un día las frutas volvieron a bajar de precio y también los guayabos producían menos pues ya las arrancaban sin madurar y ese era el principal ingreso. Alirio presentía el fin de su riqueza y de tanta preocupación se enfermó y al poco tiempo murió.

 Su hijo mayor se encargó del patio pero pronto se dio cuenta que no había para pagar las cuotas del carro, los arreglos de la casa, los favores prometidos a los vecinos y los gastos de los hijos.

En poco tiempo la familia de Alirio pasó de ser estimada a casi ser ignorada por los vecinos. Dos de los hijos se fueron con vergüenza a otro pueblo y se quedó el hijo mayor y su madre solos y con pocos ingresos.

Este cuento se ha repetido miles de veces en la historia de la humanidad. El disfrute de la riqueza sembrada por otros y creer que lo hicimos nosotros, y malbaratarla imaginando que las cosas son eternas, es común. Las crisis económicas de la Unión Europea y de los Estados Unidos tienen mucho que ver con alejamiento de la sencillez productiva del trabajo duro de muchas generaciones y cambiarla por marañas financieras o de filantropía social absurda que reparte regalos y favores y acostumbra a los pueblos a la dependencia gubernamental.

 Venezuela no ha escapado del cuento y ahora nos ahogamos en necesidades de todo tipo. Lo curioso es que ni siquiera los que nos metieron en este tremendo problema se reconocen como autores.

Más fácil es culpar al imperio, a la burguesía y a los vende patria. Pero todos sabemos que no es así y estos rojos se llevarán para siempre sus absurdos proyectos que ni eran viables ni los supieron manejar.

La hora del cambio es indetenible.

Eugenio Montoro

La cuenta regresiva


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No recuerdo en qué ciudad me topé con un reloj digital que marcaba el paso del tiempo en unidades menores a un segundo. La velocidad con la que avanzaban los últimos dígitos era frenética. Sentí que me dirigía hacia la muerte de forma vertiginosa. La desazón fue tal que desvié la mirada. Pero es así. Estamos en cuenta regresiva. El corazón es un reloj de arena. Somos rehenes del calendario. Es sabido, el tiempo es oro y cada vez nos queda menos. Nos encaminamos hacia la desaparición. La fugacidad es nuestro reino. En el costado sur de Union Square, en New York, hay un enorme reloj digital de 15 números. Ostenta su magnitud en la pared de un amplio edificio. Muchos lo ven sin saber exactamente qué es lo que mide. Los más curiosos han logrado detectar que es un metrónomo. Mide el tiempo que ha transcurrido desde la medianoche que nos precede y el lapso que falta para la próxima medianoche. Te hace sentir emboscado entre dos oscuridades. Como diría Vicente Gerbasi: “Venimos de la noche y hacia la noche vamos”. En Times Square hubo durante muchos años un indicador gigante que medía la deuda nacional de Estados Unidos. Una cifra que aumentaba a cada instante, sin clemencia, y aterraba a todos los norteamericanos que alzaban la vista. Marcaba, además, cuál era la parte de la deuda que le correspondía a cada ciudadano. Un “reloj” perverso, sin duda. Tuvieron que eliminarlo porque se les acabaron los dígitos. Era una cuenta regresiva distinta. Una ansiedad en alza. El caso es que en Venezuela tenemos más relojes que en ningún otro lugar del mundo para calcular la versatilidad de nuestras angustias. En este país que, ferozmente, avanza hacia el pasado, cada quien tiene su propia cuenta regresiva.

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Vivimos en función de fechas. Cuánto falta para navidad. Para el cumpleaños de un hijo. Para salir de vacaciones. Para la llegada del viernes. Para volver a ver a quien te marea los sentidos. La vida es un inventario de expectativas. Pero a los venezolanos nos ha dado por ser originales en los últimos años. Hemos ampliado nuestra lista de espera: Están las enfermas de cáncer de mama que esperan por máquinas de radioterapia. Las amas de casa que aguardan, en airadas colas, por la llegada de la harina y el aceite. Los educadores que esperan, impacientes, el aumento de sueldo. Los damnificados que llevan tres años viviendo en el inframundo de un refugio, mientras acechan el cumplimiento de una promesa que solo sabe postergarse. Los presos políticos que cuentan los días para abandonar una cárcel ilícita y cruel. Los prevenidos que esperan, alertas, el próximo apagón. Los empresarios y comerciantes que desgranan su impaciencia rogando que algún nuevo iluminado –los cambian cada 15 días– despeje el camino para que fluya la economía. Los medios impresos que parecen destinados a desaparecer cuando se les acabe la reserva de papel. Los viajeros que sienten la agresión de un dólar inalcanzable. Los hijos del exilio que ven el calendario como si fuera un péndulo calcinante. Los candidatos que insisten en la próxima elección. Los millones de venezolanos que aspiran que el desmadre nacional tenga fecha de extinción. Gente que cuenta los días para irse y gente que cuenta las horas para volver. Gente que sueña con el 8 de diciembre como un plebiscito. Gente que fantasea con un golpe de estado. Gente que especula con la renuncia de Maduro. Gente que aspira seguir chupándole plata al erario nacional. Gente que anhela eternizarse en el poder. Gente desesperada porque el destino se apure. Aquí todo el mundo está esperando algo. Todos tenemos un tictac urgido en nuestra mente. Los venezolanos aprendimos a vivir en cuenta regresiva.

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Hace apenas una semana me tocó ir a Valencia para sumergirme en las actividades de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC). No me canso de repetir que es una de las ferias más importantes del país por su sólida agenda y su poder de convocatoria. Solo la feria de Altamira la supera en flujo de visitantes y venta de libros. Este año estuvo dedicada a España y eso implicó –naturalmente – la visita de unos cuantos escritores españoles. La paradoja es que podías oír hablar a Ernesto Pérez Zúñiga, Nuria Amat, Francisco José Cruz o Carlos Granés, pero no podías comprar sus libros. No hubo dólares para traerlos. Cadivi dixit. Los mismos dólares esquivos que subrayaron, una vez más, la ausencia de novedades internacionales. Un escritor sin sus libros es apenas la sospecha de un escritor. El único que tenía presencia de su obra en suelo venezolano era Javier Moros, por una hábil previsión de Editorial Planeta. Justamente a él, en uno de los foros, le oí invocar una frase de un autor inglés: “Too many books, too little time”. Esa es la zozobra de todos los lectores del mundo. Sabemos que hay joyas que incluso tenemos en nuestra biblioteca y quizás nunca logremos leer. El tiempo no deja de respirarnos en la nuca. Por cierto, Nuria Amat vivió su respectiva dosis de maltrato al intentar regresar a España. En el aeropuerto Arturo Michelena le requisaron hasta el alma. Fue todo tan ominoso que publicó lo sucedido en El País. Aquí un fragmento: “Fui llamada por la policía y tratada como delincuente y narcotraficante de alto nivel (…) Un tipo fiero estuvo una hora entera registrando mi maleta: oliendo como perro (con mi respeto hacia el perro) cada una de las páginas de los seis libros que llevaba, abriendo botones, chaqueta, con un cuchillo rompieron un zapato, pieza por pieza, ropa interior fue husmeada como ni siquiera he visto en las películas. (…) He vivido en países socialistas, he sido antifranquista con todas sus consecuencias, he estado en Cuba, y en Colombia he llegado al límite donde se considera zona peligrosa, y jamás me encontré con una situación parecida”. Izarra, entérate. Con estos pequeños cancerberos lo que hacemos es alejar a los viajantes. El turismo le tiene alergia al maltrato. El abuso necesita su cuenta regresiva.

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En uno de los viajes a Valencia el chofer me relató el traumático episodio que vivió su esposa un día que fue víctima del tiempo. Necesitaba llegar puntual a una reunión de trabajo. El tráfico era –como dicta la costumbre– infernal. Se comunicó con su esposo por teléfono y él le dijo que la única opción era contratar los servicios de un mototaxista. Le obedeció a regañadientes pues nunca había usado ese medio de transporte. Eligió uno al azar. Se aferró al cojín con las dos manos y al primer giro venció el pudor y abrazó la cintura del desconocido. Todo transcurría normal, mientras el hombre esquivaba los carros y las normas de tránsito. Llegaron a un semáforo. El mototaxista vio a su derecha y descubrió a una mujer que manejaba su carro con el vidrio abajo. En su muñeca izquierda brillaba una pulsera de oro. El hombre sacó un arma inesperada, apuntó a la mujer, esgrimió una amenaza salpicada de groserías y en 30 segundos la pulsera había cambiado de dueño. Atrás, la pasajera del mototaxista no daba crédito a lo ocurrido. Había sido, de alguna manera, cómplice del robo. El se excusó: “Usted perdone, señora, pero es que la tipa me la puso papita”. A la cuadra siguiente se bajó de la moto temblando por todos los pliegues de su cuerpo. El chofer me relataba el cuento y agregó el colofón: “Por supuesto, me culpó a mí por lo que le pasó. Usted sabe como son las mujeres”. Risas generales en el carro, y al instante, una sombra de desazón. Unas ganas de que tanta impunidad y sobresalto se extingan para siempre. La cuenta regresiva que no termina de aparecer. Al regresar de la FILUC, a la semana siguiente, el taxi era una carcasa infame cuyo mayor agravio era que no tenía aire acondicionado. Exigimos otro carro. No se trataba de melindres. Era la conciencia de estar ante un acto suicida. Eran las 8:00 pm y si nos topábamos con tráfico en la autopista Regional del Centro –lo predecible– tendríamos los minutos contados para ser atracados. ¿Un carro con las ventanas abiertas? Tampoco se trataba de “ponérsela papita” a la mala suerte.

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Nacemos para morir. Todos preferimos soslayar esa certidumbre. Chávez supo que estaba en cuenta regresiva de una forma detallada, dolorosa y contundente. Muchos dicen que su gran pecado fue ocultarlo a un país entero, en aras de un triunfo electoral que burlara a la eternidad. El país está amarrado a varias cuentas regresivas. Maduro y Cabello, el dúo dinámico del insulto, dicen que “más temprano que tarde” – es fatigante la forma en que repiten esa expresión – Henrique Capriles, Leopoldo López y Henri Falcón, líderes de la oposición, darán de bruces en la cárcel. Lo anuncian como quien ya ha firmado las boletas de auto de detención. Hasta comentan las proporciones de cada celda, el color de las paredes, las pesadillas que los visitarán. Alardean con una cuenta regresiva que no tiene asidero legal. La justicia, en este país, carga un carnet político en el bolsillo.

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Hannah Arendt en su libro Hombres en tiempos de oscuridad le dedica un capítulo a Karl Jaspers y recuerda el momento en que le fue concedido el Premio de la Paz del Gremio de Libreros Alemanes en 1958. Subraya allí que se retribuía no solo una trayectoria literaria sino “el haberse puesto a prueba en la vida”. Me quedé detenido largamente en esas palabras. Quizás hoy a todos los venezolanos nos salpica esa frase de un modo u otro. Las circunstancias históricas nos están exigiendo ponernos a prueba. ¿Cuántos años o semanas le quedan a estos tiempos de oscuridad? ¿Hasta qué punto la cuenta regresiva del oprobio que hoy vivimos no necesita de nosotros para activarse? Debemos entender cuál es nuestra parte en ese conteo. El cronómetro de un mejor país lo tenemos todos en la mano. Es cuestión de saberlo presionar. Cuando un corredor ansía una meta, su mejor aliado es ese instrumento del tiempo que marca el inicio de su proeza. La historia sabe de relojes. Hay cuentas regresivas que solo encarnan la conquista del futuro.

Leonardo Padrón