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La Mano

Un joven le pidió a un padre la mano de su hija y la recibió en una caja; era su mano izquierda. PADRE: Me pediste su mano y ya la tienes. Pero, en mi opinión, querías otras cosas y las tomaste. JOVEN: ¿Qué quiere usted decir con eso? PADRE: ¿Tú qué crees que quiero decir? No me negarás que soy más honrado que tú, porque tú cogiste algo de mi familia sin pedirlo, mientras que cuando me pediste la mano de mi hija, yo te la di. En realidad, el joven no había hecho nada deshonroso. Simplemente, el padre era suspicaz y mal pensado. El padre consiguió legalmente hacer responsable al joven del mantenimiento de su hija y le exprimió económicamente. El joven no pudo negar que tenía la mano de la hija… aunque, desesperado, la había enterrado ya, después de besarla. Pero la mano iba para dos semanas. El joven quería ver a la hija, e hizo un esfuerzo, pero se encontró bloqueado por los comerciantes que la asediaban. La hija estaba firmando cheques con la mano derecha. Lejos de habers...

El Oso

Esta historia habla de un sastre, un zar y su oso.  Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído. El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo. Nadie contradecía al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte. Cuando, cayo el sol un guardiacárcel le llevó al sastre la última cena, el sastre revolvió el plato de comida  con la cuchara y mirando al guardiacárcel dijo – Pobre del zar. - El guardiacárcel no puedo evitar reírse - ¿...

Sarkís Sumbulián

Siempre tuve tendencia a fijarme en las personas que hacían cosas como dibujar o pintar, porque me parecía que utilizaban un lenguaje que no estaba seguro que no fuera mejor que el lenguaje de las palabras. Si alguien sabía tocar un instrumento musical, me quedaba absolutamente asombrado y rebosante de admiración, aunque el instrumento fuera una armónica de diez centavos y la pieza el Yankee-Doodle. Lo que pasó es que acabé sintiéndome favorablemente dispuesto a intentar pintar con lápices y pinturas, o a hacer música con cualquier tipo de instrumento que pudiera comprar por una moneda de diez centavos, porque estaba clarísimo que no tenía un dólar para tirar en una armónica Hohner auténtica, por ejemplo, en lugar de una imitación de diez centavos, hecha en alguna fábrica descontrolada donde se hacían imitaciones de cualquier cosa para una venta rápida, un uso rápido y un deterioro rápido. Los dibujos que hacía con lápices eran agradables de contemplar, sobre todo al día siguien...