(1890-1905). Mientras Leopoldo II dictaba “normas” arbitrarias que expropiaban propiedades y recursos a los pueblos congoleños, permitía que su brutal ejército privado (la Fuerza Pública), cometiera todo tipo de atrocidades incluido el sistemático uso de torturas, secuestros y asesinatos que tenían el fin de aterrorizar literalmente a la población, para someterla más fácilmente a las ambiciones del rey.
Las incalculables riquezas que alberga el territorio congolés han sido objeto permanentemente de la codicia de reyes, imperios coloniales, multinacionales, políticos y aventureros de las más diversas categorías, siempre dispuestos a privar a los pueblos de sus recursos naturales.
En el siglo XIX, durante el reparto europeo de África, el Congo fue entregado al rey Leopoldo II de Bélgica (1835-1909), quien lo gobernó durante décadas, como si se tratara de su hacienda privada.
Eufemísticamente se le denominó Estado Libre del Congo. El dominio belga fue sanguinario, incluso para los brutales estándares del colonialismo europeo en África. En la búsqueda de caucho y marfil, los belgas asesinaron a más de 15 millones de congoleses en los primeros 30 años de su dominio.
La historia de la explotación de los recursos económicos del Congo mientras fue propiedad de Leopoldo II, es una de las historias más sangrientas de la historia contemporánea.
fuente:
https://www.instagram.com/p/B_5YJ6nlyg9/?igshid=1fn0rkw3g1wbi
No vivimos mucho tiempo, y cuando empezamos a saber algo, o a conocer el modo de descubrirlo, ya nos movemos a toda velocidad, como si esquiáramos, por una pronunciada pendiente nevada, adelantando a unos en el descenso, y cruzándonos con otros que ascienden, y realmente hay poco tiempo para conocerse y charlar. Lo más que podemos hacer es gritar alguna cosa al pasar...
sábado, 9 de mayo de 2020
GENOCIDIO BELGA EN EL CONGO
lunes, 27 de abril de 2020
La Carraca, sin Miranda
En la cárcel de las 4 Torres en el arsenal de La Carraca pasó Francisco de Miranda los dos últimos años de su vida, desde 1814 cuando fue remitido allí desde Puerto Rico, hasta que murió el 14 de julio de 1816.
Tuve oportunidad de estar en ese mismo lugar, en abril de 2013, con Rogelio mi esposo. Habíamos hecho un primer intento en un viaje a Cádiz tres años antes, pero no nos dejaron entrar. Se trata de una instalación de acceso restringido que pertenece a la Armada española. Con la mediación de la Universidad de Cádiz, logramos hacer la visita, hicimos un recorrido por todo el lugar y estuvimos en el propio cuartico donde Miranda vivió sus dos últimos años de vida. Nada que ver con el cuadro de Miranda en La Carraca, por supuesto. Pero tampoco hay nada que permita reconstruir ni remotamente esa última presencia. Unos ramos de flores plásticas, placas de bronce en las paredes, un catre con la bandera de Venezuela, en un lugar desolador, que se encuentra en ruinas. Nada allí dice algo de Miranda, de sus días y sus noches, todo es ausencia y vacío. El momento más conmovedor de la visita fue cuando me asomé por la ventanita por la cual Miranda se asomaba día a día y veía esa soledad que lo rodeaba. Pude ver entonces esa misma soledad que lo acompañó hasta el día de su muerte.Fue en ese momento cuando finalmente me pude conectar son su presencia. Todo esto lo cuento en El hijo de la panadera. Las fotos ofrecidas cuando escribí el libro las comparto ahora con ustedes. Allí está una vista del arsenal de La Carraca, otra del piso de arriba donde se encuentra la entrada al cuartico de Miranda, las fotos del interior y la vista desde la ventana donde se puede apreciar el paisaje que acompañó a Miranda estos dos últimos años. Un recuerdo imborrable.
Ines Quintero.-
miércoles, 22 de abril de 2020
NOCTURNO DE LOS ÁNGELES
Pero una nueva pulsación, un nuevo latido
arroja al río de la calle nuevos sedientos seres (…)
¡Son los ángeles!
Xavier Villaurrutia
Él siempre dice su verdad, siempre la dirá; nunca se desmiente pues es un inocente de treinta y ocho años de edad perseguido por hombres ansiosos de belleza. Hoy sale de su apartamento en una avenida populosa, enorme, larga, contaminada, sucia y feroz. Le rozan las miradas de deseo furtivas o descaradas mientras corre hacia la estación de Metro, afanoso por huir del peso agobiante de su vida sumergida en la inmensidad de las calles abarrotadas de automóviles, de cornetazos, de gritos, de maldiciones y de mentadas de madre. Elegantísimo y perfumado, el inocente se ríe de la propia mala suerte rumbo a la reinauguración de un bar que le encanta: ríos de güisqui, música sin fin, cuerpos lucidos en el baile, fotos y risas a granel. Ama su instante de vida plena pues es un libertario, tremebundo, antitodo, antigualla. Eso sí, es el único en el bar que no olvida su corazón ni eso que los militares sentimentales con dos tragos en la cabeza llaman el destino de la patria; después de la medianoche se monta en un taxi de modelo viejo que lo deja en una ancha y desierta avenida. Vestido de negro cerrado para pasar de incógnito ante los ojos de policías y guardias nacionales, el inocente coloca en la estatua de Simón Bolívar una larga bufanda con los colores del arcoíris en memoria de los soldados desconocidos que amaron y desearon a otros hombres en plena guerra de independencia. Hola mi querida oficial, aquí estoy protestando, le dice el inocente a una policía lesbiana que bailó con él en un bar hace algunos meses y que apareció de la nada y como si nada. Tranquilo mi amor, ¿tú eres del gobierno, no? Yo no, responde inocente, los que decimos nuestra verdad nunca somos gobierno.
En pocos segundos la calle queda sola.
"En Rojo"
GISELA KOZAK ROVERO
El futuro en otro lado
Por Rhonny Zamora, periodista
"¿Dónde está el futuro? que yo no lo veo (…) hambre, destrucción y crisis nacional", cantaba Horacio a finales de los 80 con Desorden Público. Más de treinta años después la profética letra tiene una triste vigencia inusitada. El futuro parece negro como el petróleo cuyo precio en el mercado norteamericano descendió al subsuelo, de donde viene por primera vez en su historia. Si tienes petróleo debes pagar para que alguien te lo reciba porque hay mucha producción, poca demanda y no hay dónde almacenarlo más. No ruedan los carros, no vuelan los aviones, entonces no hay consumo. Al menos eso dice el mercado para mayo, en junio la cosa ¿mejora?...22$. Por ello, la Agencia Internacional de Energía pronosticó que el 2020 será el peor año de la industria petrolera en su historia. En Europa aguantan más la pela y un barril por allá ronda los 25$, pero habrá que esperar cuánto petróleo más pueden almacenar, mientras que una simple e invisible cadena de proteínas sigue transformando nuestras vidas a paso arrollador.
La Revolución Bolivariana, siempre visionaria y adelantada a su época, ya le daba a Cuba petróleo a cero. Si sumamos todos los regalos que le hemos dado, superamos la cifra de 40 millardos de dólares. Aquel plan de Hugo Chávez del Fondo de Estabilización Macroeconómica para atender una crisis como ésta no era malo, salvo que nadie controló a quienes lo manejaban: le sacaron brillo a la olla. Hoy, cuando más lo necesitamos, no hay un centavo, pero siempre hay esperanzas. Que la crisis sirva para transformarnos de una buena vez. Horacio, el futuro no está en el petróleo, está en otro lado.
Autopista Caracas–La Guaira
La Autopista Caracas–La Guaira fue proyectada y construida por el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez y la Junta Militar de Gobierno que lo precedió. Las obras se iniciaron en enero de 1950 y tardaron casi 4 años en ser concluidas, siendo inaugurada para finales de 1953, con un enorme costo (US$3,500.000 por kilómetro), al punto de que la edición de noviembre de 1952 de Mecánica Popular dijo de ella "Venezuela construye la carretera más costosa del mundo". Se utilizaron dos mil obreros, con más de 200 topadoras, tractores, camiones y niveladoras.
Fuente:
.@venezueladeayer
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