miércoles, 21 de marzo de 2018

El estalinismo, la perfección negativa



‎En 1937 hubo un censo nacional, el primero después del de 1926, que había dado una población de 147 millones. Extrapolando la tendencia de las cifras de los años veinte, Stalin dijo que esperaba un total de 170 millones. La Oficina del Censo dio 163 millones, una cifra que reflejaba las consecuencias de la política estalinista. Stalin mandó detener y fusilar a los de la Oficina del Censo. Las cifras reales del censo se mantuvieron ocultas, pero la oficina fue denunciada públicamente como nido de espías y saboteadores, a pesar de que había comunicado sus resultados a Stalin y no (por ejemplo) al Times de Londres.

‎En 1939 hubo otro censo. Esta vez, la Oficina se las arregló para dar 167 millones, que Stalin en persona redondeó en 170. Puede que el informe de la Oficina del Censo contuviera una cláusula adicional, diciendo que si a Stalin le parecía una cantidad demasiado baja, ‎ entonces tendría que reducirla un poco más, ya que habría que restar los miembros de la oficina.

‎Los censistas de 1937 fueron fusilados por «traidores que reducían la población de la URSS». Ya lo tenemos: el estalinismo es la perfección negativa.‎ 

Koba el temible 
Martin Amis

miércoles, 13 de septiembre de 2017

William Saroyan


WILLIAM SAROYAN

(Fresno, California, 1908-1981), hijo de inmigrantes armenios, abandonó los estudios a los quince años de edad y empezó a escribir febrilmente mientras subsistía gracias a pequeños trabajos precarios (como el de la Compañía de Telégrafos de San Francisco). A principios de los años treinta aparecieron sus primeros relatos y, en 1934, con la publicación de El joven audaz sobre el trapecio volante, obtuvo el reconocimiento general del público y de la crítica, que ha permanecido invariable hasta nuestros días.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Albóndiga


A pesar de ser un plato con larga tradición en nuestros fogones, las albóndigas, 'bolas de carne o pescado picados menudamente', hunden sus raíces en la cocina árabe, en la que perviven diversas preparaciones muy semejantes. Lo mismo ocurre con la palabra, que se introdujo en español a principios del siglo XV y deriva del árabe clásico bunduqah ('bola'), a través del árabe andalusí albúnduqa.

Sin embargo, hay que remontarse mucho más atrás para encontrar su verdadero origen, concretamente al griego [káryon] pontikón, '[nuez] póntica'. En Grecia, se denominaba así a la avellana, que debía crecer abundantemente en Asia Menor, en torno al mar Negro (el Ponto Euxino griego). La semejanza de su forma no pasa desapercibida, pero llama la atención la diferencia de tamaño. ¿Acaso por entonces las albóndigas tenían un diámetro apenas superior al de una avellana? Es posible, porque los tiempos han cambiado mucho y la disponibilidad de los alimentos —y en particular de la carne— también.

La voz albóndiga es muy anterior a los primeros diccionarios académicos y estaba plenamente asentada cuando se publicó el primero, en 1726. En él se define así: «Guisado compuesto de carne picada, huevos, y especias con que se sazona, mezclándose todo en forma redonda, como un bodoque o nuez».

martes, 29 de agosto de 2017

La muerte habla


Érase una vez un mercader de Bagdad que envió a su criado al mercado para comprar provisiones, y el criado regresó al poco rato, pálido y tembloroso, y dijo: Amo, cuando estaba en el mercado, una mujer me empujó en medio de la multitud, y cuando me volví, vi que era la muerte quien me había empujado. Me miró e hizo un gesto amenazador. Prestadme vuestro caballo, huiré de esta ciudad y burlaré a mi destino. Iré a Samarra, y allí la muerte no me encontrará. El mercader le prestó el caballo, el criado lo montó, hundió las espuelas en sus flancos y el caballo partió a galope tendido. Después, el mercader fue al mercado, me vio entre la multitud, se acercó a mí y dijo: ¿Por qué hiciste un gesto amenazador a mi criado cuando te vio esta mañana? No fue un gesto amenazador, dije, solo de sorpresa. Me sorprendió verle en Bagdad, porque tenía una cita con él esta noche en Samarra.


"En pocas palabras"
Jeffrey Archer

lunes, 28 de agosto de 2017

La Caca y La Vida


Durante nuestra existencia nos pasamos entre uno y tres años de la vida en el váter.

Sumando todas las veces que el ser humano va al lavabo durante su periplo vital, nos sale una media de 9.000 horas. Examinado con más profundidad y con zoom cronológico, esto conlleva unas 2.500 veces por año, o lo que viene a ser lo mismo, entre seis y ocho veces al día.

Estudios sociológicos suecos confirman que los europeos que leen en el lavabo se pasan allí el doble de tiempo (con el doble de fístulas, claro).‎


Expulsiones anuales y anales


De media, cada persona expulsa unos 181 kilos de heces al año. Aunque los sujetos aficionados a la fibra defecan con más regularidad y pueden llegar a excretar… ¡300 kilos al año!

La escatologia 


El estudio de los excrementos y los fluidos que salen de nuestro cuerpo para observar la dieta y la salud o la enfermedad es parte de la fisiología y se llama escatología. Pero la escatología también tiene otro significado.

Cualquiera que consulte el diccionario con regularidad, que es algo que la gente debería hacer con frecuencia para no sufrir la estulticia general que nos rodea, sabrá que se trata del conjunto de creencias y doctrinas religiosas referentes a la vida de ultratumba.

Si las dos materias comparten nombre y confusiones, también plantean dudas muy interesantes para nuestros estudios: ¿hay caca después de la muerte? Filósofos y teólogos han debatido sobre el sexo de los ángeles, pero para la vida eterna también hay que preguntarse: ¿hay lavabos en el Cielo y el Infierno? Y si fuera así, ¿en el Cielo hay papel o nos podremos limpiar con una nube?‎

"El gran tratado de la caca"
Martín Piñol