#SEXOINMORAL
Por Luis Fernández
Necesito que me prohíban cosas, es lo que me da morbo, si no, me aburro.
Toñi, cantante de Azúcar Moreno
Caracas, esa ciudad tan hipócrita y difícil...
Boris Izaguirre, autor, presentador y estrella mediática
He aquí un pedazo de conversación que escuché sin querer (lo juro) en estos días entre Mimí Lazo y Elba Escobar:
Mimí: Chica, yo creo que Fulanito te está echando los perros.
Elba: Pero claro, de toda la vida, figúrate.
Mimí: Qué cosa, chica, cómo son. Y tú, ¿no le vas a parar?
Elba: Tú estás loca, ni de vaina. Bueno, la verdad es que mal, mal no está, pero no, yo estoy ahora en una búsqueda interior maravillosa, estoy meditando tres veces al día y además, yo no le puedo echar esa vaina a Fulanita que es amiga desde hace tanto, eso sería karmático, figúrate, si ya tienen más de veinte años juntos.
Mimí: Precisamente, tú te has fijado en lo flaca que se ha puesto la pobre, está enjuta y como aletargada. Yo creo que lo mejor que po-dría pasarle es que venga alguien y le tambalee el matrimonio.
Usted puede saltar a hacer conjeturas de cualquier índole ante este fragmento de conversación entre dos mujeres arrechas sacado fuera de contexto, pero más allá de todo lo que pueda pensar, hay aquí algo de cierto.
Supongamos por un momento que usted es Fulanita. Dígame si no se sentiría usted superior teniendo, pues, esa hermosa pareja de más de veinte años. Veinte años en los que usted ha compartido todo, casa, cama, deudas, hijos, operación de próstata y entierros de padres. Veinte años maravillosos que vistos en retrospectiva por todos los que la rodean la validan como una mujer, más que feliz, estable. Una mujer que ha sabido crecerse en las crisis (que no han sido pocas), que hace años perdonó infidelidades, que le parió y crió los hijos a su compa-ñero con placer y dolor; que ha sabido acompañarlo dignamente en sus ascensos laborales y sus disfunciones eréctiles, y que supo labrarse un lugar propio y legítimo en esta sociedad. ¡Vaya que se sentiría orgullosa!
Y cómo no, si orgullosos de usted estarían su padre, su suegra y hasta el cura que los casó. A cada rato sería citada por el sacerdote en sus cursillos prematrimoniales, sí, usted es una mujer de logros, usted realizó su sueño de niña, usted es ejemplo, referencia obligada entre los amigos como muestra de que es posible, de que se puede tener una, y sólo una, pareja feliz.
Sin ánimo de exagerar y a pesar de lo malo, usted tendría que sentir que lo ha logrado todo. Y nadie puede decirle lo contrario. Ni siquiera esas amigas suyas que se sientan a tomar el café y comentar esto y aquello de su bien llevado matrimonio, que si al parecer hay tensiones, que si usted es demasiado tolerante, que si ya no hay pasión y se les nota, que si su marido no puede con la amargura. Eso, diría usted con su característica altura de mentón, son cosas que hay que perdonarles a las pobres que están todas divorciadas. Cómo no van a envidiarla, si usted pudo armar el complicado modelo de matrimonio perfecto que le entregaron en la cajita sin instrucciones. Usted tiene la capacidad, la paciencia y la perseverancia que ellas no tuvieron. Sin embargo..., perdone usted, pero siempre hay un "sin embargo".
Veamos la cosa con claridad. Si usted fuera Fulanita, no podría negarme que para la obtención de su estabilidad ha tenido que dedicar gran parte de su tiempo y energías a crear una zona de confort lo suficientemente segura y delimitada. La rutina, tan subvalorada por los tontos, se ha convertido en su mejor aliada. Usted conoce a su marido como nadie. Sabe sus gustos y muchas veces hasta se anticipa a lo que piensa. Le completa las frases, le conoce el humor, le sabe los secretos y le adivina las sorpresas, por no hablar de lo bien que le tiene calibradas las funciones orgánicas, la forma como tartamudea cuando le es infiel y hasta la última urgencia intestinal. De allíque por estos tiempos usted haya perdido (o ganado, da igual) un montón de kilos; es normal que tenga una enorme dificultad para levantarse de la cama en las mañanas y encontrarle sentido a su día; con razón la encuentra Mimí algo aletargada. Usted, mi felicisima mujer, está absolutamente aburrida y lo que padece son los perniciosos efectos secundarios de un monumental fastidio.
Normal sería también que usted se hallara, digamos, rutinariamente retocándose las mechas en la peluquería y al escuchar a estas dos artistas en semejante charla, sintiera un profundo desprecio por ese par de mujeres ociosas e incapa-ces de lograr lo que usted con tanto esfuerzo ha conseguido. Pero supongamos por un momento que sucede esto: Elba decide aceptar el desafuero de su marido (que ni es el primero ni será el último) y le provoca la ilusión de ser correspondido. Supongamos además que usted se entera (que, según el consejo de Mimí es la clave). Usted ve estremecerse su mundo perfecto. Lo que le tomó veinte años construir amenaza con derrumbarse, y es allí que ocurre el milagro. Usted deja de hacerse la loca, salta de su marasmo impulsada por un resorte y se lanza sobre lo que es suyo, lo que a todas luces le pertenece. Y lo hace con una vitalidad desconocida hasta para usted misma. Recobra el ánimo de vivir, gana (o pierde) los kilos que le faltan (sobran), ordena sus prioridades, se reactiva como mujer, se enfrenta con la que usted es en realidad y despierta de nuevo. Independientemente de que reconquiste y retenga a su marido o que decida dejarlo por baboso (no es eso lo que importa), si usted fuera Fulanita, no me podría negar que sería una maravilla que a Elba Escobar se le antojara venir a tambalearle el matrimonio.
Ésta es la forma más espantosa de resumir 20 años de matrimonio. Tú con suerte llegarás a esto algún día. Te sugiero más cuidado a la hora de elegir tus términos.
Carolina, Miami
Me tambaleó el matrimonio. Después de eso decidísepararme. Le agradezco a la otra el haberme mostrado la verdad. Perdí los mejores años de mi vida en una farsa. Hoy soy más cuidadosa a la hora de elegir con quién comparto mi tiempo.
Bélgica, Caracas
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